domingo, 19 de mayo de 2013

Capítulo cinco.



Las lágrimas de mi madre caían sin pausa, le estaba dando un ataque de ansiedad, no podía casi respirar. Mi padre, en un arranque de responsabilidad, tranquilidad y madurez, llamó al hospital informando de la situación y pidiendo ayuda. Mientras llegaba la ambulancia, se dedicó a calmar a mi madre y sacarla fuera.
Yo lo veía todo desde fuera, no sabía en qué me había convertido. ¿Era un fantasma? No podía entenderlo, era como si estuviese dentro de una película, pero nada ni nadie podía percibirme. Dicen que cuando estás a punto de morir, toda tu vida pasa por delante de tus ojos, pero en mi caso, estaba viendo lo que pasaba después de mi muerte.
En el hospital no pudieron hacer mucho, solamente limpiar y vendar mis heridas, durante el transporte al tanatorio no fueron demasiado cuidadosos con mi cuerpo, todo hay que decirlo, que casi me sacan un ojo y me arrancan media cabellera con la tontería. No entendía lo que pasaba, me sentía ligera, vacía, pero aún así había algo que me ataba allí, como si no pudiese alejarme de mi cuerpo.
Mi familia y amigos estuvieron horas y horas en el tanatorio, yo estaba allí, en medio, viéndoles llorar, y de repente, Yumi y Eric salieron de allí, fuera, tuve un mal presentimiento y decidí seguirlos.
-¿Cómo puedes ser capaz de ver el cuerpo muerto de tu novia y aún así no soltar ni una lágrima? No temblar, no hablar, no inmutarte siquiera. ¿Cómo?- Yumi estaba furiosa, creo que era la primera vez que la veía fuera de su sonrisa y buen humor cotidiano.
-Igual hay una buena razón, ¿sabes? Igual hay una jodida buena razón.
-¿Sí? ¿Y cuál es esa jodida buena razón?

Milésimas de segundo. En milésimas de segundo sus cuerpos se unieron hasta que no quedó ni un mísero átomo de aire entre ellos. Mi novio y una de mis dos mejores amigas besándose como si no existiese un mañana a metros de mi cuerpo muerto. Tras lo que me parecieron horas, Yumi se separó un poco de él, pero acto seguido le abrazó, parecía que había estado esperando años ese momento. Y entonces caí.
Caí en una espiral de oscuridad, de sangre, dolor y recuerdos de la que no podía salir, era todo demasiado extraño, como cuando Alicia cae por el agujero del árbol.

Pi, pi, pi...
-Tres catorce, tres catorce, tres catorce...-Lo único que oía era eso, y la voz... Era la voz de Carlos, estaba segura.
-Creo que el pitido ha cambiado, ¿será que ha vuelto? ¿Aviso a alguien?-Sara. Sara estaba allí.
-No sé, cariño, yo no noto diferencia...
-Normal, tú sigues pensando en el número pi, voy a buscar un médico o algo.
Abrí los ojos y me encontré con ese par de ojos esmeralda que me tenían atrapada desde que los conocí. Eric estaba allí, mirándome como quien ve el milagro de la vida.
-Pensaba que no volvería a ver esa mirada gris. Tan bonita como un día de tormenta. ¿Cómo te encuentras, pequeña idiota?
-¿Qué haces aquí? ¿Habéis muerto todos, o qué? ¿Dónde estoy?
-Va a resultar que lo de la actividad cerebral era cierto y la chica soñaba.-Un doctor entró por la puerta acompañado de Sara.- ¿Qué tal te encuentras? Pensábamos que no saldrías del coma.
Coma. Actividad cerebral. Sueño. Así que no había muerto. Nada había ocurrido, ¿nada?
-¿Cuánto tiempo he estado así?
-Suponemos que el impacto que te diste en la cabeza de lo provocó, aunque no sabemos exactamente qué fue, has estado dos semanas en un estado prácticamente vegetal, pero has salido, has tenido mucha suerte. Te quedarás aquí el resto de semana para tenerte en observación. Dentro de un rato me pasaré y te haremos análisis, mientras tanto disfruta de los tuyos, que los tenías preocupados.

Una semana después.
-Mamá, pásame las velas, anda.
-Toma cielo. ¿Estás bien? Te veo algo cansada, igual deberías echarte un rato antes de que empiece todo. 
-Ni hablar, mamá, tengo que esforzarme al máximo si quiero que todo salga perfecto.
Era el cumpleaños de Eric. Sus 19. Le estaba preparando una fiesta sorpresa en mi casa, llevaba desde antes del tema del hospital preparando cosas, esperaba que el esfuerzo mereciese la pena. El motivo de la fiesta no era sólo su cumpleaños, sino también agradecerle que hubiese llegado a mi vida y la hubiese cubierto de color, que me hubiese hecho sonreír como si no hubiese mañana, que estuviese ahí siempre que lo necesitaba y al mismo tiempo me dejase tener mi espacio. No me había sentido tan bien con una persona desde hacía mucho, bueno, vale, no me había sentido tan bien con alguien nunca, puesto que no tenía experiencia previa. Realmente me alegraba que mi primera “relación”, aunque no fuese oficial, fuese tan buena. Eric y yo encajábamos muy bien, tenía más cosas en común con él que con mis amigas. A ver, no se puede comparar una relación “amorosa” con una amistad, evidentemente, pero sí es cierto que con él podía hacer muchas cosas que con mis amigas no podía.

-Oh, Dios mío... Menuda pasada, Kate, esto es increíble.-Yumi, Sara y Carlos acababan de llegar.
-¿En serio? ¿Lo creéis de verdad?
-Vamos a ver, hay un puto escenario, un equipo increíble, pósters de sus grupos favoritos por las paredes, todo tiene que ver con la música... Esta es la fiesta soñada por cualquiera, créeme. Es sencillamente genial. ¿Hay más sorpresas?
-Por supuesto, he conseguido que sus amigos, los de su antigua ciudad, vengan, sé que los echa de menos muchísimo y sé que le encantará verlos, además, se quedan todo el fin de semana. Le vendrá bien tener un respiro después de estudiar tantísimo.
-Kate, eres increíble, no puedo creer que hayas sido capaz de hacer todo esto, en serio. Es tan... tan... tan... ¿Tumblr?
-Jo, Yumi, gracias, en serio. Significa mucho para mí vuestra opinión, ya lo sabéis. La verdad es que me he estado esforzando muchísimo para que esto salga mínimamente bien, espero que le guste...
-No sólo le va a gustar, le va a encantar, será probablemente el mejor cumpleaños de su vida y no lo olvidará, estoy más que seguro, te lo digo yo, que soy su padre.

Ante tal afirmación sólo pude sonreír, en ese momento supe que le encantaría, y me sentí muy bien al saber que le haría feliz. Al poco rato, llegaron sus amigos, sólo faltaba él, su padre era el encargado de traerle, no estaba segura de que quisiera venir, puesto que por la mañana discutimos por el simple hecho de que yo no quería quedar esa tarde, por mucho que fuese su cumpleaños y creo que se enfadó bastante. Sin embargo, me llegó un sms de su padre confirmando el éxito, estaban de camino; apagamos las luces y todos se escondieron.
-¡FELIZ CUMPLEAÑOS!-gritamos todos al unísono. La cara de Eric, épica, simplemente, se quedó congelado mientras todos sus amigos iban saliendo y abrazándole, no podía creérselo.
La fiesta fue perfecta, como de película, Eric disfrutó como un niño pequeño, sus ojos esmeralda transmitían una mezcla de inocencia, ilusión y felicidad que me encantaban, estaba empezando a darme cuenta de que no podría concebir un mundo sin él, y eso me daba muchísimo miedo. Odiaba la idea de que la primera persona que me había gustado y con la que había salido fuese tan increíble, era todo tan perfecto que me destrozaría al acabar y lo sabía. Por muchas cosas que pasasen, sabía que me iba a doler muchísimo, pero aún así lo disfrutaba como una niña, no podía ocultar el hecho de que estaba realmente bien con él, que me encantaba.
Había un chico un tanto apartado de los demás, supuse que era uno de los amigos de Eric, porque no me sonaba de nada, así que fui a hablar con él, por raro que parezca, era como si una fuerza sobrenatural me atrajese hacia él, como si no pudiese evitar preocuparme, aunque eso me pasaba con la mayoría de gente.
-Hola, ¿estás bien?-Intenté preguntarlo de forma simpática, positiva, para caer bien y no parecer una cotilla.
-¿Eh? … Ah, hola, ehm, sí, estoy bien, tranquila. ¿Eres Kate, verdad?
-Sí, soy Kate, ¿y tú? Creo que no nos han presentado.
-Soy Leo. ¿Eres la novia de Eric, verdad?
-Sí, ¿tanto se nota?
-Un poco... Bueno, yo me tengo que ir, vienen mis padres a recogerme ya...
-¿Tus padres hacen el esfuerzo de venir aquí? Pero si está muy lejos, ¿no te quedas en casa de Eric con los demás?
-Digamos que, a diferencia de los demás, yo sé cómo es realmente Eric, y he venido por compromiso. No tengo nada que perder con esto y en parte es mi deber decirte que debes de tener mucho cuidado con él y su padre. Sé que el tuyo está desaparecido, seguro que Eric nunca te ha preguntado por él, ¿no es extraño? Bueno, encantado de conocerte, si alguna vez abres los ojos respecto a él, ponte en contacto conmigo. Cuídate.- Me pasó una tarjeta con su número y se marchó sin despedirse de nadie, como si supiese que nadie se daría cuenta de su fulgurante huida.
El resto de la fiesta transcurrió sin incidentes, a pesar de la ingente cantidad de alcohol que había en la fiesta, Eric estuvo bastante ausente con respecto a otros días, pero lo entendía, sus amigos no estarían aquí todos los días. Se fueron a su casa a dormir y yo me quedé con Yumi, Sara y Carlos en el local para recoger un poco el desastre.
-Oye, Kate, ¿no te habías traído la guitarra?
-Emm... Sí, estaba por ahí, ¿por?
-¡Canta!-Yumi empezó a dar saltitos con esa sonrisa tan linda a mi alrededor.
-No estoy de ánimos, en serio...
-No seas tonta, Kate, cuando “no estás de ánimos” es cuando mejor te sale, transmites muchísimo más que cuando estás normal, así que danos el gusto, que hace mucho que no te escuchamos.

(…) “Was supposed to grow old with you? But that ain't gonna happen..” (…)

Me eché a llorar. Echaba tantísimo de menos a mi padre, tenía tantas cosas que contarle... Después de haber soñado con él durante el coma, de haber tenido esa imagen de él sufriendo por mí en mi cabeza, quería estar con él más que nunca. 

lunes, 11 de marzo de 2013

Capítulo Cuatro.


Tres meses después.
Despertador, desayuno, clases, almuerzo, clases, amigos, cena, sin noticias acerca de mi padre... Rutina. La misma de siempre. Con la salvedad de la presencia de Eric en la mayor parte de las actividades diarias. Había roto todos mis esquemas por completo y sin embargo me encantaba. Hasta mi madre había asumido que yo no era la misma desde que había llegado él; me tomaba las cosas con muchísimo más humor, tenía más ganas de salir tanto con él como sólo con mis amigas, era una inyección de energía. Si bien es cierto que no dependía de él, porque yo jamás había dependido de nadie, era la persona que más fuerza me daba con el más mínimo gesto, vivía enamorada de la vida por aquel entonces. Era feliz. Muchísimo. Más de lo que cualquiera podía llegar a imaginar.
Ya había aceptado el hecho de que Eric me gustaba, Yumi y Sara pensaban que era recíproco, incluso Carlos, que no había hablado demasiado con él, lo pensaba, aunque el caso de Carlos era bastante especial; se podría decir que no podía soportar la presencia de Eric, había dejado de salir con nosotras aquellos días que Eric venía también, era extraño, la verdad es que no podía imaginar porqué a Carlos le caía tan mal Eric, pero así era. Aún así, era lo que menos me preocupaba, estábamos en mayo, plena época de exámenes y se acercaba la temida Selectividad.
-Dios, creo que si vuelvo a ver un maldito texto de César caeré muerta, en serio. -Sara odiaba el latín con todas sus ganas, aunque se le daba de perlas y pensaba presentarse a Selectividad por esa asignatura.- Es que no le veo un maldito uso, en serio.
-Sara, ten en cuenta que todas las lenguas romances provienen de ahí, es útil, además, se te da mejor que a nosotras, lo único que te cuesta es el tema de la literatura, pero si te lo estudias con esquemas igual que haces en otras asignaturas creo que te irá bien.
-¿Habéis pensado ya qué queréis hacer después de la PAU?- No se me ocurría tema mejor para eliminar tensiones.
-Yo creo que haré algún grado superior relacionado con alguna carrera que me guste y si me va bien, cuando acabe haré la carrera.- Sara lo tenía bastante claro desde hacía tiempo, tenía un plan, aunque le faltaba la parte más importante, sobre qué orientar ese plan.
-Creo que Lenguas Romances, es algo que me llama muchísimo la atención y lo prefiero antes que hacer alguna filología y centrarme solamente en una lengua.-Yumi se había planteado y replanteado muchas opciones, pero parecía que al fin había encontrado su vocación.
-Bueno, ¿y tú, Kate? ¿Qué piensas hacer y, sobre todo, dónde?
-Pues la verdad es que no lo tengo muy claro, ya sabéis que me gustaría hacer algo relacionado con la música, pero no sé qué y sobre todo no sé si luego tendrá salidas.
-¿Y con el tema Eric qué va a pasar?
-¿Tema Eric? ¿Existe un tema Eric?
-Kate, tanto Sara como yo estamos de acuerdo de que hay un “tema Eric” por mucho que ambos os empeñéis en negarlo, ocultarlo o como quieras llamarlo. Se nota que os gustáis, ¿qué estáis haciendo? ¿A qué jugáis? Porque creo que nadie lo entiende.
-Y menos después de tantas noches juntos, de haberos liado y todo eso.
-No nos hemos “liado”. Han sido cuatro besos contados.
-Acabas de reconocer que hay tema, cariño, no puedes negarlo. Te gusta, le gusta, ¿a qué esperáis para dar el primer paso? Al menos uno de los dos debe de hacerlo.
-Sara, para ti es fácil, siempre has tenido toneladas de tíos detrás y ahora estás con Carlos, probablemente no te acuerdes de esa sensación que te gusta alguien totalmente inalcanzable, de que para él no significas nada, no sabes lo que es sentirse inferior a todo, sentir que incluso una puta cucaracha es mejor que tú. Porque lo tienes todo. Todo. A diferencia de ti, yo no he tenido experiencia previa en esto, nadie me ha gustado tanto nunca, no sabes cuál es la sensación de que puedes perder algo que significa mucho para ti en tan sólo un segundo.
Me pasé. Lo sé. Y tras decirle todo eso y desahogarme, me fui. Llegué a casa, dejé los apuntes, me cambié y salí a correr con los auriculares en las orejas hacia las afueras, al campo. Las lágrimas no cesaban de caer por mis mejillas y acababan estampadas en el suelo, no veía más allá de mis empapadas pestañas, como no veía, tropecé con una roca y me di la hostia de mi vida, caí de bruces y mi cabeza se estampó contra un montoncito de piedras afiladas.
-Kate, cariño, ¿estás despierta?- ¿Mi madre? Abrí los ojos poco a poco y traté de enfocar; me dolían, consecuencia de todo el rato que había estado llorando. -Tienes los ojos muy rojos, cielo, ¿qué ha pasado? ¿Qué hacías allí?
-Salí a correr para intentar despejarme... ¿Cómo he llegado hasta aquí? Me encuentro muy desorientada. Mamá, me he cabreado con Sara y le he dicho cosas horribles.
-No te preocupes por Sara, que está curada de espantos y te quiere demasiado como para dejar que una cosa así nos separe.- Ahí estaba, a pesar de todas las cosas horribles que había dicho.
-Os dejo a solas, ¿vale?- Mi madre salió de la habitación, y ahí nos quedamos. Era una situación un poco absurda puesto que era una situación totalmente acorde a cómo me sentía. Ahí estaba yo, en la cama del hospital, vendada, con cables y vías por todos lados, me sentía patética, estaba a punto de empezar de nuevo a llorar; por el contrario, Sara, con su vestido corto, sus botines, sus curvas, su pelo, sin maquillaje, tan perfecta e increíble como siempre. Ella podría ponerse un chándal y estar recién levantada y seguir siendo preciosa, sin embargo, yo podría arreglarme de mil maneras diferentes y seguiría pareciendo Gollum.
-Cariño, ¿quieres que hablemos de lo que ha pasado? Nosotras no teníamos ni idea de que estabas así, si lo hubiésemos sabido ni te habríamos mencionado el tema.
-La verdad es que no quiero hablar de ello, rompería a llorar y ya llevo demasiadas lágrimas derramadas. Sólo quiero salir de aquí y volver a mi vida normal.
-Verás como estos días alejada del mundo y de la rutina te harán bien, tómatelo con tranquilidad, por favor, estamos todos muy preocupados por ti, y estar tan alterada no te hará bien. Intenta dormir, ¿vale? Mañana después de clase nos pasaremos a verte.
No me costó mucho dormir, alguna de las vías que tenía acopladas en los brazos me suministraba calmantes que me hicieron conciliar el sueño como no lo había hecho nunca, sin pesadillas, relajada, inconsciente.
Al día siguiente, mi madre volvió al trabajo después de pasar toda la noche conmigo, no sabía cómo agradecerle que se hubiese sacrificado así por mí, y no me importaba que tuviese que marcharse durante todo el día. Yumi, Sara y Carlos vinieron a verme, arreglamos la pelea del día anterior, pero no hablamos del tema de cómo me sentía, tal vez hice mal en no contárselo, yo sabía que tenía un problema y necesitaba ayuda, era consciente de ello. Pero no me veía capaz de superarlo, por mucha ayuda que tuviese.
A los dos días, me dieron el alta, aunque tendría que volver más adelante a hacerme pruebas para verificar que los golpes en la cabeza no me hubiesen afectado. Estando en casa, vino Eric a visitarme, lo noté raro, tenía ojeras, se le veía preocupado por algo hasta el punto de afectar a su salud.
-Cielo, ¿estás bien? Te veo muy ausente...
-Sí, bueno... Supongo que tiene una explicación... Tenemos que hablar.
“Tenemos que hablar”, la frase más temida del mundo si proviene de tu madre o de la persona que te gusta.
-Bueno, vale, cuéntame ¿de qué se trata?
-Verás... ¿Recuerdas toda la movida con mi ex, no? Pues mientras tú estabas en el hospital, ha venido. No, tranquila, no ha pasado nada.- Dijo nada más ver la expresión estupefacta de mi rostro.- Pero sí que hablamos, y no sé... Me echa de menos, y yo a ella también, no voy a mentir... No sé si podremos llevar una relación a distancia, pero sí es cierto que en este momento no sé lo que quiero, y la verdad es que necesito alejarme de todo un poco. Por eso creo que hasta después de Selectividad estaré solo, intentando concentrarme en los exámenes.
-Lo cual quiere decir que se acabó, ¿no?
-Podemos decir que no es un “game over”, pero sí un “pause” bastante largo.- Dicho esto, se fue. Y me quedé completamente paralizada. No podía creérmelo.
-¡Kate! Kate, ¡despierta por favor! Kate, ¿me escuchas? Respira, por favor, respira. ¿Por qué lo has hecho, Kate? Kate, por favor. ¡Ayuda!- Mi padre zarandeaba mi cuerpo muerto. Mi padre. ¿Había vuelto? Mi madre se encontraba en estado de shock, su tez se había vuelto pálida, pero mucho menos que la mía. No respiraba. Mi corazón había dejado de latir. Por fin me sentía liberada, las cadenas que me ataban a la vida se quedaron con ese cuerpo que ahora yacía en el salón. La sangre se extendía por toda la alfombra. Mi alfombra de pelo. Mi favorita. Y a mi lado, el cuchillo más afilado que pude encontrar. Y mi nota de suicidio.

domingo, 13 de enero de 2013

Capítulo Tres.


 El agua caía sin pausa, era lluvia fina, bajo la cual podía pasarme horas y horas caminando. No me dio tiempo ni a cruzar la calle para llegar a mi casa, Eric levantó la cabeza, me miró y salió corriendo hacia mí. Me abrazó de forma muy intensa y acto seguido comenzó a llorar.
-Hey, vamos pequeño, levanta la cabeza, ¿qué te pasa?
Eric temblaba, temblaba como un cachorrito abandonado a su suerte, como si hubiese pasado algo realmente malo, algo suficientemente fuerte como para hacerlo llorar.
-Kate, tengo miedo, mucho miedo.
-A ver... Explícate... Bueno, mejor, vamos a entrar a mi casa e intentamos que te tranquilices, luego si quieres me lo cuentas.
Entramos a casa, mi madre no estaba, pero la chimenea estaba encendida, supuse que habría salido a hacer algún recado. Encendí incienso y velas, puse música relajante, al rato, Eric parecía mucho más tranquilo, cambió su tensión por una relajada canción. Su voz. Maldito sonido producido en su garganta que se escapaba por sus labios, diablos, me encantaba; era imposible no estremecerse ante tan placentero sonido.
Comenzamos a hablar de temas completamente triviales, cosas de las que habríamos hablado cualquier tarde soleada entre amigos, no sabía muy bien si eso le ayudaba, pero viendo que había dejado de llorar, me pareció buena idea; a fin de cuentas, no lo conocía prácticamente de nada y sin embargo pasaba más tiempo en mi casa que mis amigas.
-¿Te apetece hacer algo totalmente ilógico, tonto y absurdo?- Los labios de Eric cambiaron de posición para convertirse en una sonrisa pícara que me hizo derretirme. Era irresistible, empecé a pensar que tal vez Sara tenía razón, Eric me gustaba, más de lo que yo podría llegar a entender, iba más allá de la razón, más allá de la lógica, más allá de cualquier cosa terrenal. Estaba por encima de todo aquello que conocía, y era mucho más de lo que estaba dispuesta a reconocer. Me quedé absorta en mis pensamientos, hasta que él me sacó de ellos empujándome hacia mi preciada alfombra de pelo largo.
-Ilógico, tonto y absurdo... Suena bien, ¿de qué se trata?
-Tests de personalidad.
-¿Tests de personalidad? ¿Pretendes estudiar psicología o sólo matar el aburrimiento?
-Pretendo conocerte mejor, saber qué hay detrás de ese pelo azul pastel y esos ojos grises.
-Detrás del pelo azul pastel, tinte y decoloración, de los ojos grises, miopía y lentillas, aunque no son de color. Suena divertido, ¿por qué no?
-De acuerdo, empiezo yo a preguntar. Dime: tu color de pelo natural, tu color favorito, asignatura favorita, qué quieres estudiar en la universidad y comida favorita.
-Vale, pues... Mi color de pelo natural es negro, mi color favorito es el verde esmeralda, mi asignatura favorita es música, quiero estudiar algo relacionado con ella, pero no estoy segura de qué, y mi comida favorita.... ¿el chocolate cuenta?
-El chocolate cuenta.
-En ese caso, el chocolate. ¿Alguna pregunta más?
-Sigamos pues. ¿Tocas algún instrumento? ¿Grupo favorito? ¿Crees que sabes cantar?
-Toco el piano y la guitarra, mi grupo favorito es Paramore, y mis amigas dicen que sé cantar, pero no tengo alma de estrella del rock ni nada por el estilo.
-¡Canta!
-Ni hablar, nunca canto delante de la gente. Salvo mi madre y mis mejores amigos, nadie me ha oído cantar. Además, ahora me toca a mí hacer las preguntas, no pienses que te vas a librar.
-Está bien, pero que sepas que pienso ganarme tu confianza hasta el punto de que pueda oírte cantar alguna vez.
-Pero hasta entonces quedan muchas preguntas que hacer. Así que es mi turno, dime tu estilo de música preferido, algún don que tengas, y de dónde diablos sacas ese encanto natural.
-El rock me apasiona, creo que es lo mejor del mundo. No sé si tocar la batería se considera un don, pero si tuviese alguno, supongo que sería ese, y eso del encanto natural...
-¡Kate, ya he llegado! ¿Qué tal las compras con Yumi y Sara?
-Hola mamá, las compras bien... Luego te enseño lo que he comprado, está Eric en casa.
-¡Eric! ¿Qué tal?
-Bien, señora, muchas gracias, ¿y usted?- Sorprendentemente educado, suponía que formaba parte de su encanto.
-Todo bien por aquí, por favor, tutéame, ¿qué tal tu padre? ¿Está en casa? Esta mañana he hecho unas galletas y pensaba lleváoslas esta tarde.
-Mi padre está en casa, puedes pasarte, seguro que le encantarán las galletas.
-Entonces iré, os dejo solos, Kate, ¿puedes pedir comida china?
-Vale, mamá.
Mi madre se fue, Eric me hizo un gesto para que me tumbase encima de sus piernas, y durante lo que me parecieron segundos, estuvo acariciándome el pelo y la cara, diciendo a cada segundo la ilusión que le hacía conocerme cada día más. Estaba tan perdida en su mirada que perdí la noción del tiempo.
-Oye, pequeña, despierta, ya ha anochecido, será mejor que vayas pidiendo la comida china antes de que vuelva tu madre de mi casa.
-Ostras, ¿me he dormido? Lo siento.
-No tiene importancia. Me tengo que ir, ¿te recojo mañana a eso de las 8:15 para ir al instituto? No me sé el camino.
-Em... Sí, me parece bien, pero ven un poco antes, suelo quedar con mis amigas a eso de y veinte para vernos antes de clase.
-Sin problema, buenas noches bonita.-Me dio un beso en la mejilla para despedirse.

Ramen para cenar. Lo adoraba. Mi madre notó mi nerviosismo en la cena, pero no le dio importancia. A eso de las diez, llamaron de comisaría, para informar de lo de siempre, no había novedades; la búsqueda de mi padre seguiría suspendida a menos de que alguien aportase algún dato relevante. Hasta ese momento me había "olvidado" un poco de ese tema, había estado tan concentrada en mi intenso fin de semana que no había pensado en él.
Mi padre era moreno, como yo, sus ojos color miel me hacían envidiarle, siempre transmitía ilusión y felicidad a través de una mirada; era muy gracioso, siempre tenía algún chiste o alguna frase que me hacían reír a carcajadas, sabía perfectamente cuando estaba mal y hacía lo imposible para verme sonreír, hacía cualquier cosa. Le gustaba cocinar, y a mí me encantaba todo aquello que cocinaba; nos gustaba hacer cosas juntos, como ver el fútbol o pasear. Todo juntos.
Esa noche me costó dormir, tuve varias pesadillas y me desperté de golpe, me costaba respirar y el corazón me latía muy fuerte, tan fuerte como cuando Eric se encontraba cerca.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Capítulo Dos.


Eric. Se llamaba Eric. Y yo era la única que le conocía.
Mi madre llegó más temprano de lo normal y me encontró preparando las tortitas, se extrañó de verme de tan buen humor después de lo que pasó en la oficina; cenamos y vimos una película de esas ñoñas que tanto le gustaban. Comedias románticas que acababan con finales de cuento y mi madre llorando a lágrima viva, no sabía que tenía eso de comedia, pero suponía que esas historias tan monas le recordaban a mi padre. Antes de su desaparición, los viernes de tortitas y cine se componían de películas de acción, humor o terror. Nada de historias preciosas que en la realidad no se repetirían, esas historias que día tras día estaba más que convencida de que no iban a sucederme a mí. Vivía rodeada de gente enamorándose, saliendo, rompiendo, volviendo a salir… O libres y con una cola de chicos detrás, como Sara. Y no lograba entender porqué yo no podía estar en ninguno de esos casos. Ni siquiera me llamaba la atención el terreno amoroso, debía de ser la única adolescente que no tenía ningún tipo de experiencia.
No me consideraba una chica fea, del montón más bien, pero siempre fui sumamente tímida, me costaba acercarme a la gente, sobre todo cuando no los conocía o los conocía de poco; era de las que en las fiestas se quedaba sola en un rincón, sólo salía a bailar si mis amigas me obligaban, era de socializar poco.
Ensimismada en mis pensamientos ni me di cuenta de que mi madre se había ido a dormir. Y lo más extraño, estaban tocando a la puerta. Me acerqué cautelosamente, no sabía quien podía ser a esas horas. Las 2 de la madrugada.
-¿Quién es?- Por primera vez en mi vida tenía la voz temblorosa, con miedo.
-Kate, soy Eric, ¿te importa salir un momento? Necesito hablar con alguien y sólo te conozco a ti.
Abrí la puerta, estaba cayendo la tormenta del siglo, no recordaba que hubiese parado de llover desde que lo vi por la tarde. Le hice pasar y le presté ropa de mi hermano, que vivía fuera. Mientras su ropa se secaba, nos sentamos en la alfombra, al lado de la chimenea, tomando chocolate caliente, me contó su historia.
-Eric, te noto muy nervioso, intenta tranquilizarte, respira hondo y cuéntame qué te pasa, si quieres.
-Verás... Yo... De donde vengo... -Temblaba, estaba muy nervioso, a punto de llorar, sentí la necesidad de protegerle y le abracé. Fue un abrazo cálido, largo y creo que le sentó bien. -Gracias, no sabes lo que significa que alguien me abrace en estos momentos. A ver, te cuento, donde vivía antes salía con una chica, estábamos muy bien, la relación era bastante buena, pero llegó un punto en el que sólo la veía como amiga... A pesar de eso, decidí seguir con ella para no hacerle daño, incluso sabiendo que me venía aquí, seguí queriendo estar con ella, conforme se acercaba la fecha de mi partida, comencé a notarla algo rara, aunque no le di demasiada importancia porque supuse que sería debido a que me echaría de menos o algo así. Total, que llegué aquí, hace dos días y esta noche, hablando con ella, me he visto obligado a decirle que hace tiempo que la veo como amiga, y que necesitaba un tiempo. Así que la he dejado, ella no lo entiende y yo me siento muy culpable. No sabía donde acudir, pensé en ti, lo siento si te he despertado o molestado.
-No es justo. No puedo permitir que te sientas así. No está nada bien. No puedo entenderlo. A ver, tampoco te conozco demasiado, pero me pareces un chico genial y lo que te ha pasado es totalmente comprensible. No te dejes llevar por las opiniones de los demás, sé tú mismo siempre, hagas lo que hagas la gente te va a criticar, puesto que no tienen vida propia. Si sientes algo, exprésalo.
Me abrazó, de tal forma que sentí como su agradecimiento estaba plasmado en ese abrazo. Me sentí bien ayudándole, me alegraba verle mejor.
-Bueno, será mejor que me vaya y te deje descansar, espero no haberte molestado.
-Tranquilo, no lo has hecho, me alegro de que hayas acudido a mí antes que a nadie. Por cierto, si quieres, y no vives demasiado lejos, podríamos irnos juntos al instituto el lunes.
-Vivo más cerca de lo que crees.- Tras esta afirmación tan misteriosa, se marchó. Y yo me limité a recoger todo e irme a dormir. A la mañana siguiente tendría que dar bastantes explicaciones a mi madre. O eso creí.

Después de dormir plácidamente, sin pesadillas ni nada, me desperté y miré el móvil. Sábado, cinco de la tarde. Mi madre no había venido a despertarme, no tenía llamas perdidas ni mensajes, ¿estaría bien? Salí de mi habitación y bajé al salón, donde estaban mi madre, Eric, y un señor que supuse que era el padre de Eric, por el gran parecido físico.
-Pero bueno, ¿ahí estás?- Mi madre parecía sorprendida de verme.
-Mamá, ¿dónde iba a estar si no?
-¿No ibas de compras y a comer con Sara y Yumi?
-Ostras, se me había olvidado por completo, será mejor que las llame y me disculpe. Ah, hola, Eric.
-Ho... Hola.
Me fui a mi habitación y llamé a Yumi.
-¿Dónde te metes, petarda?
-Tía, lo siento, anoche me acosté tardísimo y olvidé por completo que habíamos quedado. ¿Dónde estáis? Tengo que contaros miles de cosas.
-Pues estamos en casa de Carlos, si quieres mañana quedamos, no hemos ido de compras, no quisimos hacerlo sin ti.
-Muchas gracias chicas, sois lo mejor, ¡nos vemos mañana!
-¡Te queremos Kate!
Me puse presentable para poder bajar de nuevo, pero para entonces, Eric y su padre ya no estaban.
-¿De qué conoces a Eric?
-¿Ehm? Ah, Eric, pues me lo encontré ayer al salir del súper, se ofreció a acompañarme porque estaba lloviendo. ¿De qué lo conoces tú?
-¿Recuerdas a la vecina de enfrente, la profesora?
-Sí, se largó o no se qué historia.
-Pues Eric y su padre son nuestros nuevos vecinos.

Al día siguiente me faltó tiempo para saltar de la cama, coger la primera ropa que vi y salir pitando para informar a las chicas de lo acontecido en los últimos dos días.
-¿Entonces sois vecinos?- Yumi tenía esa sonrisa que hacía que todo el mundo a su alrededor se ilusionara.
-Lo importante es, ¿está bueno?
-¡Sara! ¡Estás con Carlos!
-Oye, sólo me informo, bueno, Kate, cuéntanos, anda. Que menuda sonrisa de tonta tienes desde que has empezado a hablar de él.
-¡No tengo sonrisa de tonta! A ver... Es bastante guapete, tiene los ojos verdes, es alto, creo que más alto que Carlos, es rubio, tiene el pelo largo y liso, por los hombros o así, lleva snake bites y eso es todo en cuanto puedo deciros en cuanto a físico.
-Tía, por lo que dices tiene que estar muy bueno, ¿cómo es en cuánto a personalidad?
-Pues no sé, tampoco lo conozco mucho... Pero... El viernes, de madrugada, cuando mi madre se había acostado, tocaron a la puerta, era él, me contó que había tenido problemas con la que era su novia y tal. No sé... Sentí la necesidad de protegerle, le abracé, luego me abrazó y...
-¿Hubo beso?
-No.
-¿Ni un intento?
-Tampoco.
-Bueno, ya verás como al final pasa algo.
-Sara, en serio, no va a pasar nada, déjalo, no tiene sentido insistir.
-Kate tiene razón, no tiene porqué pasar nada. Puede ser simplemente amigos, o algo más, como hermanos prácticamente, pero no tiene porqué haber nada más.- Las palabras de Yumi provocaron un choque de emociones en mí, por un lado me parecía bien que Eric y yo pudiésemos ser amigos, pero por otro lado albergaba esperanza. Eric era el único chico con el que había hablado sin mis amigas de por medio.
Después de los postres, Yumi y Sara quisieron ir al cine, pero yo estaba cansada, así que decidí volver a casa y pasar algo de tiempo con mi madre. Por el camino comenzó a llover y con la lluvia llegó él. Eric estaba esperándome en la puerta de casa.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Capítulo Uno.


“Whoa, I never meant to brag, but I got him where I want him now. Whoa, it was never my intention to brag, to steal it all away from you now. But god does it feel so good…”
Paramore. Misery Business.
Apagué el despertador, las siete y media, hora de levantarse para ir a clase; no tenía ganas, para nada, ni siquiera por ver a Yumi o a Sara, mis mejores amigas. Me estiré una y otra vez, como los gatitos, tal y como solía decir mi padre antes de su desaparición. Sonreí al pensar en él, a fin de cuentas, su recuerdo era lo único que me quedaba después de seis meses de angustia, rabia contenida y preocupación continua. Le echaba tanto de menos… 
Pero era hora de ponerse en marcha, levantarse del todo y comenzar un día más, sería diferente a los últimos meses, o al menos eso esperaba; durante los primeros meses de la desaparición de mi padre, todo el mundo me preguntaba cada día cosas como si había novedades, qué tal estaba, lo típico que se hace en esos casos. Pero cuando la policía decidió suspender la búsqueda, los únicos que preguntaban eran mis amigos, los leales, los que jamás me habían fallado.
Me metí a la ducha con la esperanza de que el agua arrastrase mi sentimiento de angustia y pusiese una sonrisa lo más sincera posible en la cara, aunque sabía que delante de mis amigas no me serviría de nada. Me asomé a la ventana, primavera, tiempo inestable cuando menos, al final opté por un vestido, sencillo, cómodo y diferente a lo que había ido vistiendo los últimos días. Bajé a desayunar pensando que mi madre estaría allí, pero no estaba, llegaba tarde, me di prisa, cogí los auriculares y salí camino del instituto.
Hacía calor, pero estaba nublado; era ese tipo de días que me agobiaban, los odiaba, no sabía el motivo exacto, simplemente me hacían sentir incómoda, perdida, sabía que no sería muy buen día, pero aun así di un paso, luego otro, y otro más; caminé hasta el instituto sin darme cuenta del tiempo que pasaba, sumergida en la música, la que jamás abandonaba. Llegué al instituto, temprano, más de lo normal, miré la hora y vi que aún eran y cuarto, ¿dónde se había metido mi madre aquella mañana? Me dispuse a enviarle un mensaje, estaba ensimismada, absorta en mis pensamientos…
-¡Bú!- Pegué un salto, menudo susto me acababa de llevar, Sara, una de mis mejores amigas.
-Pero bueno chica, para saludar basta con un “hola”, ¿no?
-Bah, no seas sosa, así es mucho más divertido, ¿qué tal estás esta mañana? ¿Te has preparado el examen?
El examen. Cierto. Tenía examen de química y se me había olvidado por completo.
-Mierda, ¡el examen! No puedo permitirme suspenderlo, ¿qué hago?
-Jolines, ¿cómo has podido olvidarlo? A ver… No sé, finge que te da ansiedad por algo de tu padre o que tienes que ir al médico, ¡algo!
-Puf, demasiado tarde, ya viene…
-Buenos días, id entrando a clase por orden de lista.
-Buenos días profesora.
Tenía que enfrentarme a un examen para el cual no había estudiado nada, además, con lo de mi padre había faltado a diversas clases, dando la casualidad que esos días la profesora explicó cosas importantes cuanto menos. Sabía que me odiaba, pero no entendía la razón, siempre la había tomado conmigo, siempre. Y eso me mataba por dentro. No podía entender nada, ni siquiera podía aceptarlo, yo no era de las que se dejaban pisotear.
10. Formula los siguientes hidruros:
Hidruro de cesio: _____________
Hidruro de cinc: _____________
Hidruro de magnesio: _____________
Hidruro de titanio (IV): _____________
Hidruro de estaño (IV): _____________
Hidruro de cobalto (II): _____________
Hidruro de cromo (III): _____________
Dihidruro de estaño: _____________
Formulación, gracias a Dios, eso se me daba de perlas, me puse a ello con entusiasmo y una sonrisa en la cara, miré durante un segundo al frente intentando recordar el símbolo del estaño y vi que la profesora me miraba, me quedé completamente quieta, esperando que me dijese algo en plan “estás, copiando, suspensa y fuera de clase”, pero no fue así, en su lugar me sonrió y levantó el pulgar en señal de aprobación.
Las siguientes clases, más de lo mismo, todo me parecía demasiado fácil, todo me sonreía, ¿qué pasaba? Después de clase me reuní con mis amigos en la cafetería que había al lado del instituto, solíamos ir allí a comer yogur helado y hablar de nuestras cosas. Los de siempre, Yumi, Sara, Carlos y yo. Sólo hacía un par de meses que Carlos salía con nosotras, aunque llevaba más de un año saliendo con Sara, hacían muy buena pareja, les envidiaba, yo no había tenido novio nunca, era una chica muy tímida, además de que no era ningún bellezón como mis amigas. A veces me sentía muy inferior a ellas, pero ellas sabían cómo hacerme sentir preciosa cual princesa de cuento, sabían como animarme en mis  días de bajón, sabían hacer prácticamente todo para que fuese feliz. Tenía muchísima suerte de tener amigas como ellas, eran simplemente adorables, no sólo física, sino también mentalmente.
Yumi nació en China, fue abandonada por sus padres en un orfanato, donde sus padres adoptivos la recogieron, les estaba muy agradecida, era una chica sorprendente. Su físico no era despampanante como las modelos de Victorias’ secret, pero tenía unos rasgos faciales tremendamente dulces, era simplemente adorable, además de que bajo sus amadas sudaderas gigantes y su ropa ancha, escondía un cuerpo muy bonito, cuando salíamos en plan discotecas y se ponía ropa ajustada era imposible no mirarla, increíble cuanto menos. Además, era simplemente amor, era de esas personas que siempre están ahí cuando las necesitas, siempre. Y siempre sonreía, ante cualquier adversidad, ella sonreía, era la chica más fuerte que conocería en toda mi vida.
Sara estaba hecha de otra pasta, era la chica más atrevida del mundo, no tenía miedo de nada, le echaba mucha cara a las cosas y siempre triunfaba, tenía alma y corazón de estrella del rock, una artista bohemia, un alma libre. Físicamente era alta, la más alta de las 3, su estatura de 1’75 m. la hacían parecer superior a cualquiera. Para mí lo era. Le gustaba muchísimo el deporte, el rock, vivir la vida sin preocupaciones, era genial tenerla al lado.

-Bueno “K”, ¿nos vas a contar qué te pasa hoy, o tendremos que sacártelo por las malas?
La voz de Carlos me sacó de mis pensamientos.
-¿Eh? ¿Qué? ¿A qué te refieres?- No sabía bien qué decir, me había cogido por sorpresa mientras pensaba en mi madre, igual debería ir a verla al trabajo.
-Venga, Kate, no nos des largas y cuéntanos porqué llevas toda la mañana con tu cara de preocupación, tu sonrisa no nos engaña, ¿estás bien cielo?-Yumi, Yumi y su dulzura me hicieron salir de mi jaula protectora.
-No me pasa nada chicos, en serio… Es sólo que llevo un día bastante extraño, estoy bastante distraída por eso, pero no hay de qué preocuparse, de veras.
-“K”, ¿se puede sabe qué ha pasado?
-Está bien, tranquilos, os lo cuento… Esta mañana cuando me he levantado para ir al instituto y he bajado a desayunar mi madre no estaba, he pensado que llegaba tarde pero luego he visto que no…
-Eso es bastante extraño, ¿quieres que te acompañemos a su oficina? Así sales de dudas.

-Sí, sí, envíemelos a mi dirección de correo personal, es algo ajeno al proyecto que manejo por la otra cuenta, son cosas diferentes y no quiero que se líen… ¿Katerina? ¿Qué estás haciendo aquí? – Mi madre se sorprendió bastante de verme por la oficina.
-Pues nada mamá, es que esta mañana cuando bajé a desayunar no estabas, miré la hora y vi que era demasiado temprano como para que te hubieses marchado, por eso he venido a verte, estaba bastante preocupada…
-Amor, ¿sabes qué día es hoy?- Me quedé parada, no sabía qué pasaba, no entendía nada, estaba tan bloqueada que no podía pensar. –Kate, ¿estás bien? Cielo, es viernes, sabes que entro más temprano para poder salir antes y que vayamos al cine juntas.
-Sí, es cierto, es viernes, viernes de cine y tortitas, lo olvidaba. Lo siento mamá, nos vemos luego.
Salimos de la oficina, sinceramente, no sabía aún porqué estaba tan distraída, no conseguía concentrarme en nada, y ni siquiera tenía nada en lo que pensar. Me fui a casa, sola, no me apetecía que me acompañasen, fui al súper de camino, tenía que comprar masa de tortitas y chocolate, justo cuando salí empezó a llover.
Una figura encapuchada y bajo paraguas me miraba fijamente, yo miraba a la calle, intentando averiguar por dónde podía atajar hasta casa, cuando se me acercó. Se quitó la capucha y me encontré frente a frente con el chico más guapo que había visto hasta el momento, alto, rubio, ojos verdes y snake bites.
-¿Necesitas ayuda?- Menuda voz, casi me derrito al oírlo, ¿de dónde habría salido? No me sonaba de nada, no lo había visto nunca y aun así me parecía muy familiar, como si lo conociese.- No parece que vaya a parar de llover en un buen rato, ¿quieres que te acompañe a casa?
-No, no hace falta, tomaré un atajo, no quiero molestarte.
-No es ninguna molestia acompañar a una chica tan guapa.
Acabé accediendo y me acompañó a casa, durante el camino me contó que acababa de llegar a la ciudad, que no conocía a nadie y que iba a estudiar en el mismo instituto  que yo.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Prólogo.


-Buenas noches mamá, espero que duermas bien.- Su dulce mirada gris me hizo tranquilizarme, su sonrisa, su madurez. Mi madre era la persona que más me había ayudado y apoyado en los últimos meses. Era mi icono, mi ejemplo a seguir.
-Buenas noches cielo, descansa. –Me dio un beso en la frente, era increíble el cariño que podía llegar a transmitir sólo con ese pequeño gesto. Era perfecta. No había otra como ella, ni la habrá nunca.
-Oye, mamá… -¿De verdad iba a preguntárselo? No me lo creía, pero pensaba que sería bueno. -Mamá… ¿Crees que podría haber sido una buena madre?
-Cariño, no creo que podrías haber sido una buena madre, sé que habrías sido una buena madre. No le des vueltas, descansa, te vendrá bien. Te quiero princesa, no lo olvides nunca.
 Después de eso no pude más que sonreír. Más que mi madre era una heroína. Una heroína de leyenda. Salió de la habitación y me senté ante el escritorio, papel y lápiz en mano y comencé a escribir una carta. Una carta que no llegaría a su destinatario, puesto que ese destinatario no estaba vivo, se podría decir que ni siquiera había nacido.

 “Querido Lucas:
No me conoces, yo a ti tampoco. No hemos tenido la posibilidad de conocernos en persona, ojalá la hubiese tenido. Me habría encantado conocerte, estrecharte entre mis brazos, hacerte sentir querido, darte el amor de una madre, cosa que no se puede comparar con nada. Sé que igual no me porté demasiado bien, pero jamás ha dependido de mí. Tu destino jamás dependió de mí, si lo hubiese sido, las cosas serían diferentes. Estarías aquí, a mi lado, podría dedicarte todo el tiempo que me encantaría darte. Si pudiese pedir un único deseo sería que estuvieses aquí, conmigo, desearía no haberte dejado atrás, no haberte sacado de mi vida cuando ni siquiera habías entrado. Te quería, es algo que quiero que tengas presente.
Probablemente no leerás esto, seguramente no sabrás de mi existencia, es bastante imposible, pero pongo a Dios por testigo de que jamás he querido causarte algún mal, jamás quise nada de esto. Siento que no merezco volver a sentir la ilusión que tuve en mi interior cuando supe de tu existencia, cuando supe que te tenía en mi interior, me sentí llena de vida, sentí amor, pero no amor de pareja, sino amor de madre, el amor más puro y perfecto que puede llegar a sentirse. Si alguna vez vuelvo a sentirlo, lo haré bien, lo haré por ti, compensaré el mal que hice.
Te quiero y te querré siempre, no lo olvides nunca. No olvides que tu madre te querrá siempre, aunque no llegases a nacer.”

Después de eso, la doblé y la até a un globo, con la esperanza de que llegase al cielo, allí donde suponía que reposaba el alma de ese hijo mío que no llegó a nacer.