domingo, 13 de enero de 2013
Capítulo Tres.
El agua caía sin pausa, era lluvia fina, bajo la cual podía pasarme horas y horas caminando. No me dio tiempo ni a cruzar la calle para llegar a mi casa, Eric levantó la cabeza, me miró y salió corriendo hacia mí. Me abrazó de forma muy intensa y acto seguido comenzó a llorar.
-Hey, vamos pequeño, levanta la cabeza, ¿qué te pasa?
Eric temblaba, temblaba como un cachorrito abandonado a su suerte, como si hubiese pasado algo realmente malo, algo suficientemente fuerte como para hacerlo llorar.
-Kate, tengo miedo, mucho miedo.
-A ver... Explícate... Bueno, mejor, vamos a entrar a mi casa e intentamos que te tranquilices, luego si quieres me lo cuentas.
Entramos a casa, mi madre no estaba, pero la chimenea estaba encendida, supuse que habría salido a hacer algún recado. Encendí incienso y velas, puse música relajante, al rato, Eric parecía mucho más tranquilo, cambió su tensión por una relajada canción. Su voz. Maldito sonido producido en su garganta que se escapaba por sus labios, diablos, me encantaba; era imposible no estremecerse ante tan placentero sonido.
Comenzamos a hablar de temas completamente triviales, cosas de las que habríamos hablado cualquier tarde soleada entre amigos, no sabía muy bien si eso le ayudaba, pero viendo que había dejado de llorar, me pareció buena idea; a fin de cuentas, no lo conocía prácticamente de nada y sin embargo pasaba más tiempo en mi casa que mis amigas.
-¿Te apetece hacer algo totalmente ilógico, tonto y absurdo?- Los labios de Eric cambiaron de posición para convertirse en una sonrisa pícara que me hizo derretirme. Era irresistible, empecé a pensar que tal vez Sara tenía razón, Eric me gustaba, más de lo que yo podría llegar a entender, iba más allá de la razón, más allá de la lógica, más allá de cualquier cosa terrenal. Estaba por encima de todo aquello que conocía, y era mucho más de lo que estaba dispuesta a reconocer. Me quedé absorta en mis pensamientos, hasta que él me sacó de ellos empujándome hacia mi preciada alfombra de pelo largo.
-Ilógico, tonto y absurdo... Suena bien, ¿de qué se trata?
-Tests de personalidad.
-¿Tests de personalidad? ¿Pretendes estudiar psicología o sólo matar el aburrimiento?
-Pretendo conocerte mejor, saber qué hay detrás de ese pelo azul pastel y esos ojos grises.
-Detrás del pelo azul pastel, tinte y decoloración, de los ojos grises, miopía y lentillas, aunque no son de color. Suena divertido, ¿por qué no?
-De acuerdo, empiezo yo a preguntar. Dime: tu color de pelo natural, tu color favorito, asignatura favorita, qué quieres estudiar en la universidad y comida favorita.
-Vale, pues... Mi color de pelo natural es negro, mi color favorito es el verde esmeralda, mi asignatura favorita es música, quiero estudiar algo relacionado con ella, pero no estoy segura de qué, y mi comida favorita.... ¿el chocolate cuenta?
-El chocolate cuenta.
-En ese caso, el chocolate. ¿Alguna pregunta más?
-Sigamos pues. ¿Tocas algún instrumento? ¿Grupo favorito? ¿Crees que sabes cantar?
-Toco el piano y la guitarra, mi grupo favorito es Paramore, y mis amigas dicen que sé cantar, pero no tengo alma de estrella del rock ni nada por el estilo.
-¡Canta!
-Ni hablar, nunca canto delante de la gente. Salvo mi madre y mis mejores amigos, nadie me ha oído cantar. Además, ahora me toca a mí hacer las preguntas, no pienses que te vas a librar.
-Está bien, pero que sepas que pienso ganarme tu confianza hasta el punto de que pueda oírte cantar alguna vez.
-Pero hasta entonces quedan muchas preguntas que hacer. Así que es mi turno, dime tu estilo de música preferido, algún don que tengas, y de dónde diablos sacas ese encanto natural.
-El rock me apasiona, creo que es lo mejor del mundo. No sé si tocar la batería se considera un don, pero si tuviese alguno, supongo que sería ese, y eso del encanto natural...
-¡Kate, ya he llegado! ¿Qué tal las compras con Yumi y Sara?
-Hola mamá, las compras bien... Luego te enseño lo que he comprado, está Eric en casa.
-¡Eric! ¿Qué tal?
-Bien, señora, muchas gracias, ¿y usted?- Sorprendentemente educado, suponía que formaba parte de su encanto.
-Todo bien por aquí, por favor, tutéame, ¿qué tal tu padre? ¿Está en casa? Esta mañana he hecho unas galletas y pensaba lleváoslas esta tarde.
-Mi padre está en casa, puedes pasarte, seguro que le encantarán las galletas.
-Entonces iré, os dejo solos, Kate, ¿puedes pedir comida china?
-Vale, mamá.
Mi madre se fue, Eric me hizo un gesto para que me tumbase encima de sus piernas, y durante lo que me parecieron segundos, estuvo acariciándome el pelo y la cara, diciendo a cada segundo la ilusión que le hacía conocerme cada día más. Estaba tan perdida en su mirada que perdí la noción del tiempo.
-Oye, pequeña, despierta, ya ha anochecido, será mejor que vayas pidiendo la comida china antes de que vuelva tu madre de mi casa.
-Ostras, ¿me he dormido? Lo siento.
-No tiene importancia. Me tengo que ir, ¿te recojo mañana a eso de las 8:15 para ir al instituto? No me sé el camino.
-Em... Sí, me parece bien, pero ven un poco antes, suelo quedar con mis amigas a eso de y veinte para vernos antes de clase.
-Sin problema, buenas noches bonita.-Me dio un beso en la mejilla para despedirse.
Ramen para cenar. Lo adoraba. Mi madre notó mi nerviosismo en la cena, pero no le dio importancia. A eso de las diez, llamaron de comisaría, para informar de lo de siempre, no había novedades; la búsqueda de mi padre seguiría suspendida a menos de que alguien aportase algún dato relevante. Hasta ese momento me había "olvidado" un poco de ese tema, había estado tan concentrada en mi intenso fin de semana que no había pensado en él.
Mi padre era moreno, como yo, sus ojos color miel me hacían envidiarle, siempre transmitía ilusión y felicidad a través de una mirada; era muy gracioso, siempre tenía algún chiste o alguna frase que me hacían reír a carcajadas, sabía perfectamente cuando estaba mal y hacía lo imposible para verme sonreír, hacía cualquier cosa. Le gustaba cocinar, y a mí me encantaba todo aquello que cocinaba; nos gustaba hacer cosas juntos, como ver el fútbol o pasear. Todo juntos.
Esa noche me costó dormir, tuve varias pesadillas y me desperté de golpe, me costaba respirar y el corazón me latía muy fuerte, tan fuerte como cuando Eric se encontraba cerca.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)