sábado, 17 de noviembre de 2012

Capítulo Uno.


“Whoa, I never meant to brag, but I got him where I want him now. Whoa, it was never my intention to brag, to steal it all away from you now. But god does it feel so good…”
Paramore. Misery Business.
Apagué el despertador, las siete y media, hora de levantarse para ir a clase; no tenía ganas, para nada, ni siquiera por ver a Yumi o a Sara, mis mejores amigas. Me estiré una y otra vez, como los gatitos, tal y como solía decir mi padre antes de su desaparición. Sonreí al pensar en él, a fin de cuentas, su recuerdo era lo único que me quedaba después de seis meses de angustia, rabia contenida y preocupación continua. Le echaba tanto de menos… 
Pero era hora de ponerse en marcha, levantarse del todo y comenzar un día más, sería diferente a los últimos meses, o al menos eso esperaba; durante los primeros meses de la desaparición de mi padre, todo el mundo me preguntaba cada día cosas como si había novedades, qué tal estaba, lo típico que se hace en esos casos. Pero cuando la policía decidió suspender la búsqueda, los únicos que preguntaban eran mis amigos, los leales, los que jamás me habían fallado.
Me metí a la ducha con la esperanza de que el agua arrastrase mi sentimiento de angustia y pusiese una sonrisa lo más sincera posible en la cara, aunque sabía que delante de mis amigas no me serviría de nada. Me asomé a la ventana, primavera, tiempo inestable cuando menos, al final opté por un vestido, sencillo, cómodo y diferente a lo que había ido vistiendo los últimos días. Bajé a desayunar pensando que mi madre estaría allí, pero no estaba, llegaba tarde, me di prisa, cogí los auriculares y salí camino del instituto.
Hacía calor, pero estaba nublado; era ese tipo de días que me agobiaban, los odiaba, no sabía el motivo exacto, simplemente me hacían sentir incómoda, perdida, sabía que no sería muy buen día, pero aun así di un paso, luego otro, y otro más; caminé hasta el instituto sin darme cuenta del tiempo que pasaba, sumergida en la música, la que jamás abandonaba. Llegué al instituto, temprano, más de lo normal, miré la hora y vi que aún eran y cuarto, ¿dónde se había metido mi madre aquella mañana? Me dispuse a enviarle un mensaje, estaba ensimismada, absorta en mis pensamientos…
-¡Bú!- Pegué un salto, menudo susto me acababa de llevar, Sara, una de mis mejores amigas.
-Pero bueno chica, para saludar basta con un “hola”, ¿no?
-Bah, no seas sosa, así es mucho más divertido, ¿qué tal estás esta mañana? ¿Te has preparado el examen?
El examen. Cierto. Tenía examen de química y se me había olvidado por completo.
-Mierda, ¡el examen! No puedo permitirme suspenderlo, ¿qué hago?
-Jolines, ¿cómo has podido olvidarlo? A ver… No sé, finge que te da ansiedad por algo de tu padre o que tienes que ir al médico, ¡algo!
-Puf, demasiado tarde, ya viene…
-Buenos días, id entrando a clase por orden de lista.
-Buenos días profesora.
Tenía que enfrentarme a un examen para el cual no había estudiado nada, además, con lo de mi padre había faltado a diversas clases, dando la casualidad que esos días la profesora explicó cosas importantes cuanto menos. Sabía que me odiaba, pero no entendía la razón, siempre la había tomado conmigo, siempre. Y eso me mataba por dentro. No podía entender nada, ni siquiera podía aceptarlo, yo no era de las que se dejaban pisotear.
10. Formula los siguientes hidruros:
Hidruro de cesio: _____________
Hidruro de cinc: _____________
Hidruro de magnesio: _____________
Hidruro de titanio (IV): _____________
Hidruro de estaño (IV): _____________
Hidruro de cobalto (II): _____________
Hidruro de cromo (III): _____________
Dihidruro de estaño: _____________
Formulación, gracias a Dios, eso se me daba de perlas, me puse a ello con entusiasmo y una sonrisa en la cara, miré durante un segundo al frente intentando recordar el símbolo del estaño y vi que la profesora me miraba, me quedé completamente quieta, esperando que me dijese algo en plan “estás, copiando, suspensa y fuera de clase”, pero no fue así, en su lugar me sonrió y levantó el pulgar en señal de aprobación.
Las siguientes clases, más de lo mismo, todo me parecía demasiado fácil, todo me sonreía, ¿qué pasaba? Después de clase me reuní con mis amigos en la cafetería que había al lado del instituto, solíamos ir allí a comer yogur helado y hablar de nuestras cosas. Los de siempre, Yumi, Sara, Carlos y yo. Sólo hacía un par de meses que Carlos salía con nosotras, aunque llevaba más de un año saliendo con Sara, hacían muy buena pareja, les envidiaba, yo no había tenido novio nunca, era una chica muy tímida, además de que no era ningún bellezón como mis amigas. A veces me sentía muy inferior a ellas, pero ellas sabían cómo hacerme sentir preciosa cual princesa de cuento, sabían como animarme en mis  días de bajón, sabían hacer prácticamente todo para que fuese feliz. Tenía muchísima suerte de tener amigas como ellas, eran simplemente adorables, no sólo física, sino también mentalmente.
Yumi nació en China, fue abandonada por sus padres en un orfanato, donde sus padres adoptivos la recogieron, les estaba muy agradecida, era una chica sorprendente. Su físico no era despampanante como las modelos de Victorias’ secret, pero tenía unos rasgos faciales tremendamente dulces, era simplemente adorable, además de que bajo sus amadas sudaderas gigantes y su ropa ancha, escondía un cuerpo muy bonito, cuando salíamos en plan discotecas y se ponía ropa ajustada era imposible no mirarla, increíble cuanto menos. Además, era simplemente amor, era de esas personas que siempre están ahí cuando las necesitas, siempre. Y siempre sonreía, ante cualquier adversidad, ella sonreía, era la chica más fuerte que conocería en toda mi vida.
Sara estaba hecha de otra pasta, era la chica más atrevida del mundo, no tenía miedo de nada, le echaba mucha cara a las cosas y siempre triunfaba, tenía alma y corazón de estrella del rock, una artista bohemia, un alma libre. Físicamente era alta, la más alta de las 3, su estatura de 1’75 m. la hacían parecer superior a cualquiera. Para mí lo era. Le gustaba muchísimo el deporte, el rock, vivir la vida sin preocupaciones, era genial tenerla al lado.

-Bueno “K”, ¿nos vas a contar qué te pasa hoy, o tendremos que sacártelo por las malas?
La voz de Carlos me sacó de mis pensamientos.
-¿Eh? ¿Qué? ¿A qué te refieres?- No sabía bien qué decir, me había cogido por sorpresa mientras pensaba en mi madre, igual debería ir a verla al trabajo.
-Venga, Kate, no nos des largas y cuéntanos porqué llevas toda la mañana con tu cara de preocupación, tu sonrisa no nos engaña, ¿estás bien cielo?-Yumi, Yumi y su dulzura me hicieron salir de mi jaula protectora.
-No me pasa nada chicos, en serio… Es sólo que llevo un día bastante extraño, estoy bastante distraída por eso, pero no hay de qué preocuparse, de veras.
-“K”, ¿se puede sabe qué ha pasado?
-Está bien, tranquilos, os lo cuento… Esta mañana cuando me he levantado para ir al instituto y he bajado a desayunar mi madre no estaba, he pensado que llegaba tarde pero luego he visto que no…
-Eso es bastante extraño, ¿quieres que te acompañemos a su oficina? Así sales de dudas.

-Sí, sí, envíemelos a mi dirección de correo personal, es algo ajeno al proyecto que manejo por la otra cuenta, son cosas diferentes y no quiero que se líen… ¿Katerina? ¿Qué estás haciendo aquí? – Mi madre se sorprendió bastante de verme por la oficina.
-Pues nada mamá, es que esta mañana cuando bajé a desayunar no estabas, miré la hora y vi que era demasiado temprano como para que te hubieses marchado, por eso he venido a verte, estaba bastante preocupada…
-Amor, ¿sabes qué día es hoy?- Me quedé parada, no sabía qué pasaba, no entendía nada, estaba tan bloqueada que no podía pensar. –Kate, ¿estás bien? Cielo, es viernes, sabes que entro más temprano para poder salir antes y que vayamos al cine juntas.
-Sí, es cierto, es viernes, viernes de cine y tortitas, lo olvidaba. Lo siento mamá, nos vemos luego.
Salimos de la oficina, sinceramente, no sabía aún porqué estaba tan distraída, no conseguía concentrarme en nada, y ni siquiera tenía nada en lo que pensar. Me fui a casa, sola, no me apetecía que me acompañasen, fui al súper de camino, tenía que comprar masa de tortitas y chocolate, justo cuando salí empezó a llover.
Una figura encapuchada y bajo paraguas me miraba fijamente, yo miraba a la calle, intentando averiguar por dónde podía atajar hasta casa, cuando se me acercó. Se quitó la capucha y me encontré frente a frente con el chico más guapo que había visto hasta el momento, alto, rubio, ojos verdes y snake bites.
-¿Necesitas ayuda?- Menuda voz, casi me derrito al oírlo, ¿de dónde habría salido? No me sonaba de nada, no lo había visto nunca y aun así me parecía muy familiar, como si lo conociese.- No parece que vaya a parar de llover en un buen rato, ¿quieres que te acompañe a casa?
-No, no hace falta, tomaré un atajo, no quiero molestarte.
-No es ninguna molestia acompañar a una chica tan guapa.
Acabé accediendo y me acompañó a casa, durante el camino me contó que acababa de llegar a la ciudad, que no conocía a nadie y que iba a estudiar en el mismo instituto  que yo.