“Whoa, I never meant to brag, but I got him where I want him now. Whoa, it was never my intention to
brag, to steal it all away from you
now. But god does it feel so
good…”
Paramore. Misery Business.
Apagué el despertador, las siete y media, hora de
levantarse para ir a clase; no tenía ganas, para nada, ni siquiera por ver a
Yumi o a Sara, mis mejores amigas. Me estiré una y otra vez, como los gatitos,
tal y como solía decir mi padre antes de su desaparición. Sonreí al pensar en
él, a fin de cuentas, su recuerdo era lo único que me quedaba después de seis
meses de angustia, rabia contenida y preocupación continua. Le echaba tanto de
menos…
Pero era hora de ponerse en marcha, levantarse
del todo y comenzar un día más, sería diferente a los últimos meses, o al menos
eso esperaba; durante los primeros meses de la desaparición de mi padre, todo
el mundo me preguntaba cada día cosas como si había novedades, qué tal estaba,
lo típico que se hace en esos casos. Pero cuando la policía decidió suspender
la búsqueda, los únicos que preguntaban eran mis amigos, los leales, los que
jamás me habían fallado.
Me metí a la ducha con la esperanza de que el
agua arrastrase mi sentimiento de angustia y pusiese una sonrisa lo más sincera
posible en la cara, aunque sabía que delante de mis amigas no me serviría de
nada. Me asomé a la ventana, primavera, tiempo inestable cuando menos, al final
opté por un vestido, sencillo, cómodo y diferente a lo que había ido vistiendo
los últimos días. Bajé a desayunar pensando que mi madre estaría allí, pero no
estaba, llegaba tarde, me di prisa, cogí los auriculares y salí camino del
instituto.
Hacía calor, pero estaba nublado; era ese tipo de
días que me agobiaban, los odiaba, no sabía el motivo exacto, simplemente me
hacían sentir incómoda, perdida, sabía que no sería muy buen día, pero aun así
di un paso, luego otro, y otro más; caminé hasta el instituto sin darme cuenta
del tiempo que pasaba, sumergida en la música, la que jamás abandonaba. Llegué
al instituto, temprano, más de lo normal, miré la hora y vi que aún eran y
cuarto, ¿dónde se había metido mi madre aquella mañana? Me dispuse a enviarle
un mensaje, estaba ensimismada, absorta en mis pensamientos…
-¡Bú!- Pegué un salto, menudo susto me acababa de
llevar, Sara, una de mis mejores amigas.
-Pero bueno chica, para saludar basta con un
“hola”, ¿no?
-Bah, no seas sosa, así es mucho más divertido,
¿qué tal estás esta mañana? ¿Te has preparado el examen?
El examen. Cierto. Tenía examen de química y se
me había olvidado por completo.
-Mierda, ¡el examen! No puedo permitirme
suspenderlo, ¿qué hago?
-Jolines, ¿cómo has podido olvidarlo? A ver… No
sé, finge que te da ansiedad por algo de tu padre o que tienes que ir al
médico, ¡algo!
-Puf, demasiado tarde, ya viene…
-Buenos días, id entrando a clase por orden de
lista.
-Buenos días profesora.
Tenía que enfrentarme a un examen para el cual no
había estudiado nada, además, con lo de mi padre había faltado a diversas
clases, dando la casualidad que esos días la profesora explicó cosas
importantes cuanto menos. Sabía que me odiaba, pero no entendía la razón,
siempre la había tomado conmigo, siempre. Y eso me mataba por dentro. No podía
entender nada, ni siquiera podía aceptarlo, yo no era de las que se dejaban
pisotear.
10. Formula los siguientes hidruros:
Hidruro de cesio: _____________
Hidruro de cinc: _____________
Hidruro de magnesio: _____________
Hidruro de titanio (IV): _____________
Hidruro de estaño (IV): _____________
Hidruro de cobalto (II): _____________
Hidruro de cromo (III): _____________
Dihidruro de estaño: _____________
Formulación, gracias a Dios, eso se me daba de
perlas, me puse a ello con entusiasmo y una sonrisa en la cara, miré durante un
segundo al frente intentando recordar el símbolo del estaño y vi que la
profesora me miraba, me quedé completamente quieta, esperando que me dijese
algo en plan “estás, copiando, suspensa y fuera de clase”, pero no fue así, en
su lugar me sonrió y levantó el pulgar en señal de aprobación.
Las siguientes clases, más de lo mismo, todo me
parecía demasiado fácil, todo me sonreía, ¿qué pasaba? Después de clase me
reuní con mis amigos en la cafetería que había al lado del instituto, solíamos
ir allí a comer yogur helado y hablar de nuestras cosas. Los de siempre, Yumi,
Sara, Carlos y yo. Sólo hacía un par de meses que Carlos salía con nosotras,
aunque llevaba más de un año saliendo con Sara, hacían muy buena pareja, les
envidiaba, yo no había tenido novio nunca, era una chica muy tímida, además de
que no era ningún bellezón como mis amigas. A veces me sentía muy inferior a
ellas, pero ellas sabían cómo hacerme sentir preciosa cual princesa de cuento,
sabían como animarme en mis días de
bajón, sabían hacer prácticamente todo para que fuese feliz. Tenía muchísima
suerte de tener amigas como ellas, eran simplemente adorables, no sólo física,
sino también mentalmente.
Yumi nació en China, fue abandonada por sus padres
en un orfanato, donde sus padres adoptivos la recogieron, les estaba muy
agradecida, era una chica sorprendente. Su físico no era despampanante como las
modelos de Victorias’ secret, pero tenía unos rasgos faciales tremendamente
dulces, era simplemente adorable, además de que bajo sus amadas sudaderas
gigantes y su ropa ancha, escondía un cuerpo muy bonito, cuando salíamos en
plan discotecas y se ponía ropa ajustada era imposible no mirarla, increíble
cuanto menos. Además, era simplemente amor, era de esas personas que siempre
están ahí cuando las necesitas, siempre. Y siempre sonreía, ante cualquier
adversidad, ella sonreía, era la chica más fuerte que conocería en toda mi
vida.
Sara estaba hecha de otra pasta, era la chica más
atrevida del mundo, no tenía miedo de nada, le echaba mucha cara a las cosas y
siempre triunfaba, tenía alma y corazón de estrella del rock, una artista
bohemia, un alma libre. Físicamente era alta, la más alta de las 3, su estatura
de 1’75 m. la hacían parecer superior a cualquiera. Para mí lo era. Le gustaba
muchísimo el deporte, el rock, vivir la vida sin preocupaciones, era genial
tenerla al lado.
-Bueno “K”, ¿nos vas a contar qué te pasa hoy, o
tendremos que sacártelo por las malas?
La voz de Carlos me sacó de mis pensamientos.
-¿Eh? ¿Qué? ¿A qué te refieres?- No sabía bien
qué decir, me había cogido por sorpresa mientras pensaba en mi madre, igual
debería ir a verla al trabajo.
-Venga, Kate, no nos des largas y cuéntanos
porqué llevas toda la mañana con tu cara de preocupación, tu sonrisa no nos
engaña, ¿estás bien cielo?-Yumi, Yumi y su dulzura me hicieron salir de mi
jaula protectora.
-No me pasa nada chicos, en serio… Es sólo que
llevo un día bastante extraño, estoy bastante distraída por eso, pero no hay de
qué preocuparse, de veras.
-“K”, ¿se puede sabe qué ha pasado?
-Está bien, tranquilos, os lo cuento… Esta mañana
cuando me he levantado para ir al instituto y he bajado a desayunar mi madre no
estaba, he pensado que llegaba tarde pero luego he visto que no…
-Eso es bastante extraño, ¿quieres que te
acompañemos a su oficina? Así sales de dudas.
-Sí, sí, envíemelos a mi dirección de correo
personal, es algo ajeno al proyecto que manejo por la otra cuenta, son cosas
diferentes y no quiero que se líen… ¿Katerina? ¿Qué estás haciendo aquí? – Mi
madre se sorprendió bastante de verme por la oficina.
-Pues nada mamá, es que esta mañana cuando bajé a
desayunar no estabas, miré la hora y vi que era demasiado temprano como para
que te hubieses marchado, por eso he venido a verte, estaba bastante
preocupada…
-Amor, ¿sabes qué día es hoy?- Me quedé parada,
no sabía qué pasaba, no entendía nada, estaba tan bloqueada que no podía
pensar. –Kate, ¿estás bien? Cielo, es viernes, sabes que entro más temprano
para poder salir antes y que vayamos al cine juntas.
-Sí, es cierto, es viernes, viernes de cine y
tortitas, lo olvidaba. Lo siento mamá, nos vemos luego.
Salimos de la oficina, sinceramente, no sabía aún
porqué estaba tan distraída, no conseguía concentrarme en nada, y ni siquiera
tenía nada en lo que pensar. Me fui a casa, sola, no me apetecía que me
acompañasen, fui al súper de camino, tenía que comprar masa de tortitas y
chocolate, justo cuando salí empezó a llover.
Una figura encapuchada y bajo paraguas me miraba
fijamente, yo miraba a la calle, intentando averiguar por dónde podía atajar
hasta casa, cuando se me acercó. Se quitó la capucha y me encontré frente a
frente con el chico más guapo que había visto hasta el momento, alto, rubio,
ojos verdes y snake bites.
-¿Necesitas ayuda?- Menuda voz, casi me derrito
al oírlo, ¿de dónde habría salido? No me sonaba de nada, no lo había visto
nunca y aun así me parecía muy familiar, como si lo conociese.- No parece que
vaya a parar de llover en un buen rato, ¿quieres que te acompañe a casa?
-No, no hace falta, tomaré un atajo, no quiero
molestarte.
-No es ninguna molestia acompañar a una chica tan
guapa.
Acabé accediendo y me acompañó a casa, durante el
camino me contó que acababa de llegar a la ciudad, que no conocía a nadie y que
iba a estudiar en el mismo instituto que
yo.