Tres
meses después.
Despertador, desayuno, clases,
almuerzo, clases, amigos, cena, sin noticias acerca de mi padre...
Rutina. La misma de siempre. Con la salvedad de la presencia de Eric
en la mayor parte de las actividades diarias. Había roto todos mis
esquemas por completo y sin embargo me encantaba. Hasta mi madre
había asumido que yo no era la misma desde que había llegado él;
me tomaba las cosas con muchísimo más humor, tenía más ganas de
salir tanto con él como sólo con mis amigas, era una inyección de
energía. Si bien es cierto que no dependía de él, porque yo jamás
había dependido de nadie, era la persona que más fuerza me daba con
el más mínimo gesto, vivía enamorada de la vida por aquel
entonces. Era feliz. Muchísimo. Más de lo que cualquiera podía
llegar a imaginar.
Ya
había aceptado el hecho de que Eric me gustaba, Yumi y Sara pensaban
que era recíproco, incluso Carlos, que no había hablado demasiado
con él, lo pensaba, aunque el caso de Carlos era bastante especial;
se podría decir que no podía soportar la presencia de Eric, había
dejado de salir con nosotras aquellos días que Eric venía también,
era extraño, la verdad es que no podía imaginar porqué a Carlos le
caía tan mal Eric, pero así era. Aún así, era lo que menos me
preocupaba, estábamos en mayo, plena época de exámenes y se
acercaba la temida Selectividad.
-Dios,
creo que si vuelvo a ver un maldito texto de César caeré muerta, en
serio. -Sara odiaba el latín con todas sus ganas, aunque se le daba
de perlas y pensaba presentarse a Selectividad por esa asignatura.-
Es que no le veo un maldito uso, en serio.
-Sara,
ten en cuenta que todas las lenguas romances provienen de ahí, es
útil, además, se te da mejor que a nosotras, lo único que te
cuesta es el tema de la literatura, pero si te lo estudias con
esquemas igual que haces en otras asignaturas creo que te irá bien.
-¿Habéis
pensado ya qué queréis hacer después de la PAU?- No se me ocurría
tema mejor para eliminar tensiones.
-Yo
creo que haré algún grado superior relacionado con alguna carrera
que me guste y si me va bien, cuando acabe haré la carrera.- Sara lo
tenía bastante claro desde hacía tiempo, tenía un plan, aunque le
faltaba la parte más importante, sobre qué orientar ese plan.
-Creo
que Lenguas Romances, es algo que me llama muchísimo la atención y
lo prefiero antes que hacer alguna filología y centrarme solamente
en una lengua.-Yumi se había planteado y replanteado muchas
opciones, pero parecía que al fin había encontrado su vocación.
-Bueno,
¿y tú, Kate? ¿Qué piensas hacer y, sobre todo, dónde?
-Pues
la verdad es que no lo tengo muy claro, ya sabéis que me gustaría
hacer algo relacionado con la música, pero no sé qué y sobre todo
no sé si luego tendrá salidas.
-¿Y
con el tema Eric qué va a pasar?
-¿Tema
Eric? ¿Existe un tema Eric?
-Kate,
tanto Sara como yo estamos de acuerdo de que hay un “tema Eric”
por mucho que ambos os empeñéis en negarlo, ocultarlo o como
quieras llamarlo. Se nota que os gustáis, ¿qué estáis haciendo?
¿A qué jugáis? Porque creo que nadie lo entiende.
-Y
menos después de tantas noches juntos, de haberos liado y todo eso.
-No
nos hemos “liado”. Han sido cuatro besos contados.
-Acabas
de reconocer que hay tema, cariño, no puedes negarlo. Te gusta, le
gusta, ¿a qué esperáis para dar el primer paso? Al menos uno de
los dos debe de hacerlo.
-Sara,
para ti es fácil, siempre has tenido toneladas de tíos detrás y
ahora estás con Carlos, probablemente no te acuerdes de esa
sensación que te gusta alguien totalmente inalcanzable, de que para
él no significas nada, no sabes lo que es sentirse inferior a todo,
sentir que incluso una puta cucaracha es mejor que tú. Porque lo
tienes todo. Todo. A diferencia de ti, yo no he tenido experiencia
previa en esto, nadie me ha gustado tanto nunca, no sabes cuál es la
sensación de que puedes perder algo que significa mucho para ti en
tan sólo un segundo.
Me pasé. Lo sé. Y tras decirle
todo eso y desahogarme, me fui. Llegué a casa, dejé los apuntes, me
cambié y salí a correr con los auriculares en las orejas hacia las
afueras, al campo. Las lágrimas no cesaban de caer por mis mejillas
y acababan estampadas en el suelo, no veía más allá de mis
empapadas pestañas, como no veía, tropecé con una roca y me di la
hostia de mi vida, caí de bruces y mi cabeza se estampó contra un
montoncito de piedras afiladas.
-Kate,
cariño, ¿estás despierta?- ¿Mi madre? Abrí los ojos poco a poco
y traté de enfocar; me dolían, consecuencia de todo el rato que
había estado llorando. -Tienes los ojos muy rojos, cielo, ¿qué ha
pasado? ¿Qué hacías allí?
-Salí
a correr para intentar despejarme... ¿Cómo he llegado hasta aquí?
Me encuentro muy desorientada. Mamá, me he cabreado con Sara y le he
dicho cosas horribles.
-No
te preocupes por Sara, que está curada de espantos y te quiere
demasiado como para dejar que una cosa así nos separe.- Ahí estaba,
a pesar de todas las cosas horribles que había dicho.
-Os
dejo a solas, ¿vale?- Mi madre salió de la habitación, y ahí nos
quedamos. Era una situación un poco absurda puesto que era una
situación totalmente acorde a cómo me sentía. Ahí estaba yo, en
la cama del hospital, vendada, con cables y vías por todos lados, me
sentía patética, estaba a punto de empezar de nuevo a llorar; por
el contrario, Sara, con su vestido corto, sus botines, sus curvas, su
pelo, sin maquillaje, tan perfecta e increíble como siempre. Ella
podría ponerse un chándal y estar recién levantada y seguir siendo
preciosa, sin embargo, yo podría arreglarme de mil maneras
diferentes y seguiría pareciendo Gollum.
-Cariño,
¿quieres que hablemos de lo que ha pasado? Nosotras no teníamos ni
idea de que estabas así, si lo hubiésemos sabido ni te habríamos
mencionado el tema.
-La
verdad es que no quiero hablar de ello, rompería a llorar y ya llevo
demasiadas lágrimas derramadas. Sólo quiero salir de aquí y volver
a mi vida normal.
-Verás
como estos días alejada del mundo y de la rutina te harán bien,
tómatelo con tranquilidad, por favor, estamos todos muy preocupados
por ti, y estar tan alterada no te hará bien. Intenta dormir, ¿vale?
Mañana después de clase nos pasaremos a verte.
No
me costó mucho dormir, alguna de las vías que tenía acopladas en
los brazos me suministraba calmantes que me hicieron conciliar el
sueño como no lo había hecho nunca, sin pesadillas, relajada,
inconsciente.
Al
día siguiente, mi madre volvió al trabajo después de pasar toda la
noche conmigo, no sabía cómo agradecerle que se hubiese sacrificado
así por mí, y no me importaba que tuviese que marcharse durante
todo el día. Yumi, Sara y Carlos vinieron a verme, arreglamos la
pelea del día anterior, pero no hablamos del tema de cómo me
sentía, tal vez hice mal en no contárselo, yo sabía que tenía un
problema y necesitaba ayuda, era consciente de ello. Pero no me veía
capaz de superarlo, por mucha ayuda que tuviese.
A
los dos días, me dieron el alta, aunque tendría que volver más
adelante a hacerme pruebas para verificar que los golpes en la cabeza
no me hubiesen afectado. Estando en casa, vino Eric a visitarme, lo
noté raro, tenía ojeras, se le veía preocupado por algo hasta el
punto de afectar a su salud.
-Cielo,
¿estás bien? Te veo muy ausente...
-Sí,
bueno... Supongo que tiene una explicación... Tenemos que hablar.
“Tenemos
que hablar”, la frase más temida del mundo si proviene de tu madre
o de la persona que te gusta.
-Bueno,
vale, cuéntame ¿de qué se trata?
-Verás...
¿Recuerdas toda la movida con mi ex, no? Pues mientras tú estabas
en el hospital, ha venido. No, tranquila, no ha pasado nada.- Dijo
nada más ver la expresión estupefacta de mi rostro.- Pero sí que
hablamos, y no sé... Me echa de menos, y yo a ella también, no voy
a mentir... No sé si podremos llevar una relación a distancia, pero
sí es cierto que en este momento no sé lo que quiero, y la verdad
es que necesito alejarme de todo un poco. Por eso creo que hasta
después de Selectividad estaré solo, intentando concentrarme en los
exámenes.
-Lo
cual quiere decir que se acabó, ¿no?
-Podemos
decir que no es un “game over”, pero sí un “pause” bastante
largo.- Dicho esto, se fue. Y me quedé completamente paralizada. No
podía creérmelo.
-¡Kate!
Kate, ¡despierta por favor! Kate, ¿me escuchas? Respira, por favor,
respira. ¿Por qué lo has hecho, Kate? Kate, por favor. ¡Ayuda!- Mi
padre zarandeaba mi cuerpo muerto. Mi padre. ¿Había vuelto? Mi
madre se encontraba en estado de shock, su tez se había vuelto
pálida, pero mucho menos que la mía. No respiraba. Mi corazón
había dejado de latir. Por fin me sentía liberada, las cadenas que
me ataban a la vida se quedaron con ese cuerpo que ahora yacía en el
salón. La sangre se extendía por toda la alfombra. Mi alfombra de
pelo. Mi favorita. Y a mi lado, el cuchillo más afilado que pude
encontrar. Y mi nota de suicidio.