sábado, 29 de diciembre de 2012

Capítulo Dos.


Eric. Se llamaba Eric. Y yo era la única que le conocía.
Mi madre llegó más temprano de lo normal y me encontró preparando las tortitas, se extrañó de verme de tan buen humor después de lo que pasó en la oficina; cenamos y vimos una película de esas ñoñas que tanto le gustaban. Comedias románticas que acababan con finales de cuento y mi madre llorando a lágrima viva, no sabía que tenía eso de comedia, pero suponía que esas historias tan monas le recordaban a mi padre. Antes de su desaparición, los viernes de tortitas y cine se componían de películas de acción, humor o terror. Nada de historias preciosas que en la realidad no se repetirían, esas historias que día tras día estaba más que convencida de que no iban a sucederme a mí. Vivía rodeada de gente enamorándose, saliendo, rompiendo, volviendo a salir… O libres y con una cola de chicos detrás, como Sara. Y no lograba entender porqué yo no podía estar en ninguno de esos casos. Ni siquiera me llamaba la atención el terreno amoroso, debía de ser la única adolescente que no tenía ningún tipo de experiencia.
No me consideraba una chica fea, del montón más bien, pero siempre fui sumamente tímida, me costaba acercarme a la gente, sobre todo cuando no los conocía o los conocía de poco; era de las que en las fiestas se quedaba sola en un rincón, sólo salía a bailar si mis amigas me obligaban, era de socializar poco.
Ensimismada en mis pensamientos ni me di cuenta de que mi madre se había ido a dormir. Y lo más extraño, estaban tocando a la puerta. Me acerqué cautelosamente, no sabía quien podía ser a esas horas. Las 2 de la madrugada.
-¿Quién es?- Por primera vez en mi vida tenía la voz temblorosa, con miedo.
-Kate, soy Eric, ¿te importa salir un momento? Necesito hablar con alguien y sólo te conozco a ti.
Abrí la puerta, estaba cayendo la tormenta del siglo, no recordaba que hubiese parado de llover desde que lo vi por la tarde. Le hice pasar y le presté ropa de mi hermano, que vivía fuera. Mientras su ropa se secaba, nos sentamos en la alfombra, al lado de la chimenea, tomando chocolate caliente, me contó su historia.
-Eric, te noto muy nervioso, intenta tranquilizarte, respira hondo y cuéntame qué te pasa, si quieres.
-Verás... Yo... De donde vengo... -Temblaba, estaba muy nervioso, a punto de llorar, sentí la necesidad de protegerle y le abracé. Fue un abrazo cálido, largo y creo que le sentó bien. -Gracias, no sabes lo que significa que alguien me abrace en estos momentos. A ver, te cuento, donde vivía antes salía con una chica, estábamos muy bien, la relación era bastante buena, pero llegó un punto en el que sólo la veía como amiga... A pesar de eso, decidí seguir con ella para no hacerle daño, incluso sabiendo que me venía aquí, seguí queriendo estar con ella, conforme se acercaba la fecha de mi partida, comencé a notarla algo rara, aunque no le di demasiada importancia porque supuse que sería debido a que me echaría de menos o algo así. Total, que llegué aquí, hace dos días y esta noche, hablando con ella, me he visto obligado a decirle que hace tiempo que la veo como amiga, y que necesitaba un tiempo. Así que la he dejado, ella no lo entiende y yo me siento muy culpable. No sabía donde acudir, pensé en ti, lo siento si te he despertado o molestado.
-No es justo. No puedo permitir que te sientas así. No está nada bien. No puedo entenderlo. A ver, tampoco te conozco demasiado, pero me pareces un chico genial y lo que te ha pasado es totalmente comprensible. No te dejes llevar por las opiniones de los demás, sé tú mismo siempre, hagas lo que hagas la gente te va a criticar, puesto que no tienen vida propia. Si sientes algo, exprésalo.
Me abrazó, de tal forma que sentí como su agradecimiento estaba plasmado en ese abrazo. Me sentí bien ayudándole, me alegraba verle mejor.
-Bueno, será mejor que me vaya y te deje descansar, espero no haberte molestado.
-Tranquilo, no lo has hecho, me alegro de que hayas acudido a mí antes que a nadie. Por cierto, si quieres, y no vives demasiado lejos, podríamos irnos juntos al instituto el lunes.
-Vivo más cerca de lo que crees.- Tras esta afirmación tan misteriosa, se marchó. Y yo me limité a recoger todo e irme a dormir. A la mañana siguiente tendría que dar bastantes explicaciones a mi madre. O eso creí.

Después de dormir plácidamente, sin pesadillas ni nada, me desperté y miré el móvil. Sábado, cinco de la tarde. Mi madre no había venido a despertarme, no tenía llamas perdidas ni mensajes, ¿estaría bien? Salí de mi habitación y bajé al salón, donde estaban mi madre, Eric, y un señor que supuse que era el padre de Eric, por el gran parecido físico.
-Pero bueno, ¿ahí estás?- Mi madre parecía sorprendida de verme.
-Mamá, ¿dónde iba a estar si no?
-¿No ibas de compras y a comer con Sara y Yumi?
-Ostras, se me había olvidado por completo, será mejor que las llame y me disculpe. Ah, hola, Eric.
-Ho... Hola.
Me fui a mi habitación y llamé a Yumi.
-¿Dónde te metes, petarda?
-Tía, lo siento, anoche me acosté tardísimo y olvidé por completo que habíamos quedado. ¿Dónde estáis? Tengo que contaros miles de cosas.
-Pues estamos en casa de Carlos, si quieres mañana quedamos, no hemos ido de compras, no quisimos hacerlo sin ti.
-Muchas gracias chicas, sois lo mejor, ¡nos vemos mañana!
-¡Te queremos Kate!
Me puse presentable para poder bajar de nuevo, pero para entonces, Eric y su padre ya no estaban.
-¿De qué conoces a Eric?
-¿Ehm? Ah, Eric, pues me lo encontré ayer al salir del súper, se ofreció a acompañarme porque estaba lloviendo. ¿De qué lo conoces tú?
-¿Recuerdas a la vecina de enfrente, la profesora?
-Sí, se largó o no se qué historia.
-Pues Eric y su padre son nuestros nuevos vecinos.

Al día siguiente me faltó tiempo para saltar de la cama, coger la primera ropa que vi y salir pitando para informar a las chicas de lo acontecido en los últimos dos días.
-¿Entonces sois vecinos?- Yumi tenía esa sonrisa que hacía que todo el mundo a su alrededor se ilusionara.
-Lo importante es, ¿está bueno?
-¡Sara! ¡Estás con Carlos!
-Oye, sólo me informo, bueno, Kate, cuéntanos, anda. Que menuda sonrisa de tonta tienes desde que has empezado a hablar de él.
-¡No tengo sonrisa de tonta! A ver... Es bastante guapete, tiene los ojos verdes, es alto, creo que más alto que Carlos, es rubio, tiene el pelo largo y liso, por los hombros o así, lleva snake bites y eso es todo en cuanto puedo deciros en cuanto a físico.
-Tía, por lo que dices tiene que estar muy bueno, ¿cómo es en cuánto a personalidad?
-Pues no sé, tampoco lo conozco mucho... Pero... El viernes, de madrugada, cuando mi madre se había acostado, tocaron a la puerta, era él, me contó que había tenido problemas con la que era su novia y tal. No sé... Sentí la necesidad de protegerle, le abracé, luego me abrazó y...
-¿Hubo beso?
-No.
-¿Ni un intento?
-Tampoco.
-Bueno, ya verás como al final pasa algo.
-Sara, en serio, no va a pasar nada, déjalo, no tiene sentido insistir.
-Kate tiene razón, no tiene porqué pasar nada. Puede ser simplemente amigos, o algo más, como hermanos prácticamente, pero no tiene porqué haber nada más.- Las palabras de Yumi provocaron un choque de emociones en mí, por un lado me parecía bien que Eric y yo pudiésemos ser amigos, pero por otro lado albergaba esperanza. Eric era el único chico con el que había hablado sin mis amigas de por medio.
Después de los postres, Yumi y Sara quisieron ir al cine, pero yo estaba cansada, así que decidí volver a casa y pasar algo de tiempo con mi madre. Por el camino comenzó a llover y con la lluvia llegó él. Eric estaba esperándome en la puerta de casa.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Capítulo Uno.


“Whoa, I never meant to brag, but I got him where I want him now. Whoa, it was never my intention to brag, to steal it all away from you now. But god does it feel so good…”
Paramore. Misery Business.
Apagué el despertador, las siete y media, hora de levantarse para ir a clase; no tenía ganas, para nada, ni siquiera por ver a Yumi o a Sara, mis mejores amigas. Me estiré una y otra vez, como los gatitos, tal y como solía decir mi padre antes de su desaparición. Sonreí al pensar en él, a fin de cuentas, su recuerdo era lo único que me quedaba después de seis meses de angustia, rabia contenida y preocupación continua. Le echaba tanto de menos… 
Pero era hora de ponerse en marcha, levantarse del todo y comenzar un día más, sería diferente a los últimos meses, o al menos eso esperaba; durante los primeros meses de la desaparición de mi padre, todo el mundo me preguntaba cada día cosas como si había novedades, qué tal estaba, lo típico que se hace en esos casos. Pero cuando la policía decidió suspender la búsqueda, los únicos que preguntaban eran mis amigos, los leales, los que jamás me habían fallado.
Me metí a la ducha con la esperanza de que el agua arrastrase mi sentimiento de angustia y pusiese una sonrisa lo más sincera posible en la cara, aunque sabía que delante de mis amigas no me serviría de nada. Me asomé a la ventana, primavera, tiempo inestable cuando menos, al final opté por un vestido, sencillo, cómodo y diferente a lo que había ido vistiendo los últimos días. Bajé a desayunar pensando que mi madre estaría allí, pero no estaba, llegaba tarde, me di prisa, cogí los auriculares y salí camino del instituto.
Hacía calor, pero estaba nublado; era ese tipo de días que me agobiaban, los odiaba, no sabía el motivo exacto, simplemente me hacían sentir incómoda, perdida, sabía que no sería muy buen día, pero aun así di un paso, luego otro, y otro más; caminé hasta el instituto sin darme cuenta del tiempo que pasaba, sumergida en la música, la que jamás abandonaba. Llegué al instituto, temprano, más de lo normal, miré la hora y vi que aún eran y cuarto, ¿dónde se había metido mi madre aquella mañana? Me dispuse a enviarle un mensaje, estaba ensimismada, absorta en mis pensamientos…
-¡Bú!- Pegué un salto, menudo susto me acababa de llevar, Sara, una de mis mejores amigas.
-Pero bueno chica, para saludar basta con un “hola”, ¿no?
-Bah, no seas sosa, así es mucho más divertido, ¿qué tal estás esta mañana? ¿Te has preparado el examen?
El examen. Cierto. Tenía examen de química y se me había olvidado por completo.
-Mierda, ¡el examen! No puedo permitirme suspenderlo, ¿qué hago?
-Jolines, ¿cómo has podido olvidarlo? A ver… No sé, finge que te da ansiedad por algo de tu padre o que tienes que ir al médico, ¡algo!
-Puf, demasiado tarde, ya viene…
-Buenos días, id entrando a clase por orden de lista.
-Buenos días profesora.
Tenía que enfrentarme a un examen para el cual no había estudiado nada, además, con lo de mi padre había faltado a diversas clases, dando la casualidad que esos días la profesora explicó cosas importantes cuanto menos. Sabía que me odiaba, pero no entendía la razón, siempre la había tomado conmigo, siempre. Y eso me mataba por dentro. No podía entender nada, ni siquiera podía aceptarlo, yo no era de las que se dejaban pisotear.
10. Formula los siguientes hidruros:
Hidruro de cesio: _____________
Hidruro de cinc: _____________
Hidruro de magnesio: _____________
Hidruro de titanio (IV): _____________
Hidruro de estaño (IV): _____________
Hidruro de cobalto (II): _____________
Hidruro de cromo (III): _____________
Dihidruro de estaño: _____________
Formulación, gracias a Dios, eso se me daba de perlas, me puse a ello con entusiasmo y una sonrisa en la cara, miré durante un segundo al frente intentando recordar el símbolo del estaño y vi que la profesora me miraba, me quedé completamente quieta, esperando que me dijese algo en plan “estás, copiando, suspensa y fuera de clase”, pero no fue así, en su lugar me sonrió y levantó el pulgar en señal de aprobación.
Las siguientes clases, más de lo mismo, todo me parecía demasiado fácil, todo me sonreía, ¿qué pasaba? Después de clase me reuní con mis amigos en la cafetería que había al lado del instituto, solíamos ir allí a comer yogur helado y hablar de nuestras cosas. Los de siempre, Yumi, Sara, Carlos y yo. Sólo hacía un par de meses que Carlos salía con nosotras, aunque llevaba más de un año saliendo con Sara, hacían muy buena pareja, les envidiaba, yo no había tenido novio nunca, era una chica muy tímida, además de que no era ningún bellezón como mis amigas. A veces me sentía muy inferior a ellas, pero ellas sabían cómo hacerme sentir preciosa cual princesa de cuento, sabían como animarme en mis  días de bajón, sabían hacer prácticamente todo para que fuese feliz. Tenía muchísima suerte de tener amigas como ellas, eran simplemente adorables, no sólo física, sino también mentalmente.
Yumi nació en China, fue abandonada por sus padres en un orfanato, donde sus padres adoptivos la recogieron, les estaba muy agradecida, era una chica sorprendente. Su físico no era despampanante como las modelos de Victorias’ secret, pero tenía unos rasgos faciales tremendamente dulces, era simplemente adorable, además de que bajo sus amadas sudaderas gigantes y su ropa ancha, escondía un cuerpo muy bonito, cuando salíamos en plan discotecas y se ponía ropa ajustada era imposible no mirarla, increíble cuanto menos. Además, era simplemente amor, era de esas personas que siempre están ahí cuando las necesitas, siempre. Y siempre sonreía, ante cualquier adversidad, ella sonreía, era la chica más fuerte que conocería en toda mi vida.
Sara estaba hecha de otra pasta, era la chica más atrevida del mundo, no tenía miedo de nada, le echaba mucha cara a las cosas y siempre triunfaba, tenía alma y corazón de estrella del rock, una artista bohemia, un alma libre. Físicamente era alta, la más alta de las 3, su estatura de 1’75 m. la hacían parecer superior a cualquiera. Para mí lo era. Le gustaba muchísimo el deporte, el rock, vivir la vida sin preocupaciones, era genial tenerla al lado.

-Bueno “K”, ¿nos vas a contar qué te pasa hoy, o tendremos que sacártelo por las malas?
La voz de Carlos me sacó de mis pensamientos.
-¿Eh? ¿Qué? ¿A qué te refieres?- No sabía bien qué decir, me había cogido por sorpresa mientras pensaba en mi madre, igual debería ir a verla al trabajo.
-Venga, Kate, no nos des largas y cuéntanos porqué llevas toda la mañana con tu cara de preocupación, tu sonrisa no nos engaña, ¿estás bien cielo?-Yumi, Yumi y su dulzura me hicieron salir de mi jaula protectora.
-No me pasa nada chicos, en serio… Es sólo que llevo un día bastante extraño, estoy bastante distraída por eso, pero no hay de qué preocuparse, de veras.
-“K”, ¿se puede sabe qué ha pasado?
-Está bien, tranquilos, os lo cuento… Esta mañana cuando me he levantado para ir al instituto y he bajado a desayunar mi madre no estaba, he pensado que llegaba tarde pero luego he visto que no…
-Eso es bastante extraño, ¿quieres que te acompañemos a su oficina? Así sales de dudas.

-Sí, sí, envíemelos a mi dirección de correo personal, es algo ajeno al proyecto que manejo por la otra cuenta, son cosas diferentes y no quiero que se líen… ¿Katerina? ¿Qué estás haciendo aquí? – Mi madre se sorprendió bastante de verme por la oficina.
-Pues nada mamá, es que esta mañana cuando bajé a desayunar no estabas, miré la hora y vi que era demasiado temprano como para que te hubieses marchado, por eso he venido a verte, estaba bastante preocupada…
-Amor, ¿sabes qué día es hoy?- Me quedé parada, no sabía qué pasaba, no entendía nada, estaba tan bloqueada que no podía pensar. –Kate, ¿estás bien? Cielo, es viernes, sabes que entro más temprano para poder salir antes y que vayamos al cine juntas.
-Sí, es cierto, es viernes, viernes de cine y tortitas, lo olvidaba. Lo siento mamá, nos vemos luego.
Salimos de la oficina, sinceramente, no sabía aún porqué estaba tan distraída, no conseguía concentrarme en nada, y ni siquiera tenía nada en lo que pensar. Me fui a casa, sola, no me apetecía que me acompañasen, fui al súper de camino, tenía que comprar masa de tortitas y chocolate, justo cuando salí empezó a llover.
Una figura encapuchada y bajo paraguas me miraba fijamente, yo miraba a la calle, intentando averiguar por dónde podía atajar hasta casa, cuando se me acercó. Se quitó la capucha y me encontré frente a frente con el chico más guapo que había visto hasta el momento, alto, rubio, ojos verdes y snake bites.
-¿Necesitas ayuda?- Menuda voz, casi me derrito al oírlo, ¿de dónde habría salido? No me sonaba de nada, no lo había visto nunca y aun así me parecía muy familiar, como si lo conociese.- No parece que vaya a parar de llover en un buen rato, ¿quieres que te acompañe a casa?
-No, no hace falta, tomaré un atajo, no quiero molestarte.
-No es ninguna molestia acompañar a una chica tan guapa.
Acabé accediendo y me acompañó a casa, durante el camino me contó que acababa de llegar a la ciudad, que no conocía a nadie y que iba a estudiar en el mismo instituto  que yo.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Prólogo.


-Buenas noches mamá, espero que duermas bien.- Su dulce mirada gris me hizo tranquilizarme, su sonrisa, su madurez. Mi madre era la persona que más me había ayudado y apoyado en los últimos meses. Era mi icono, mi ejemplo a seguir.
-Buenas noches cielo, descansa. –Me dio un beso en la frente, era increíble el cariño que podía llegar a transmitir sólo con ese pequeño gesto. Era perfecta. No había otra como ella, ni la habrá nunca.
-Oye, mamá… -¿De verdad iba a preguntárselo? No me lo creía, pero pensaba que sería bueno. -Mamá… ¿Crees que podría haber sido una buena madre?
-Cariño, no creo que podrías haber sido una buena madre, sé que habrías sido una buena madre. No le des vueltas, descansa, te vendrá bien. Te quiero princesa, no lo olvides nunca.
 Después de eso no pude más que sonreír. Más que mi madre era una heroína. Una heroína de leyenda. Salió de la habitación y me senté ante el escritorio, papel y lápiz en mano y comencé a escribir una carta. Una carta que no llegaría a su destinatario, puesto que ese destinatario no estaba vivo, se podría decir que ni siquiera había nacido.

 “Querido Lucas:
No me conoces, yo a ti tampoco. No hemos tenido la posibilidad de conocernos en persona, ojalá la hubiese tenido. Me habría encantado conocerte, estrecharte entre mis brazos, hacerte sentir querido, darte el amor de una madre, cosa que no se puede comparar con nada. Sé que igual no me porté demasiado bien, pero jamás ha dependido de mí. Tu destino jamás dependió de mí, si lo hubiese sido, las cosas serían diferentes. Estarías aquí, a mi lado, podría dedicarte todo el tiempo que me encantaría darte. Si pudiese pedir un único deseo sería que estuvieses aquí, conmigo, desearía no haberte dejado atrás, no haberte sacado de mi vida cuando ni siquiera habías entrado. Te quería, es algo que quiero que tengas presente.
Probablemente no leerás esto, seguramente no sabrás de mi existencia, es bastante imposible, pero pongo a Dios por testigo de que jamás he querido causarte algún mal, jamás quise nada de esto. Siento que no merezco volver a sentir la ilusión que tuve en mi interior cuando supe de tu existencia, cuando supe que te tenía en mi interior, me sentí llena de vida, sentí amor, pero no amor de pareja, sino amor de madre, el amor más puro y perfecto que puede llegar a sentirse. Si alguna vez vuelvo a sentirlo, lo haré bien, lo haré por ti, compensaré el mal que hice.
Te quiero y te querré siempre, no lo olvides nunca. No olvides que tu madre te querrá siempre, aunque no llegases a nacer.”

Después de eso, la doblé y la até a un globo, con la esperanza de que llegase al cielo, allí donde suponía que reposaba el alma de ese hijo mío que no llegó a nacer.